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Dos José y un verbo encarnado: Martí y Lezama

Publicación: 23 Jul, 2024

Categorías: Isla de la Juventud

La figura universal de José Martí, hombre y poeta, símbolo y héroe, Apóstol y ejemplo, fue un maestro irrefutable para José Lezama Lima, otro símbolo y maestro de las letras hispanoamericanas; ambos ameritan y dan densidad a la literatura de Cuba que ha trascendido las fronteras cubanas y hoy son modelos de las letras para la generaciones más jóvenes.

Lezama Lima llama a uno de sus discípulos y este, intrigado, sin saber de quién es la llamada, pregunta: “¿Qué José?”. Lezama contesta: “En Cuba hay  solo hay dos José: José Martí en el siglo pasado y José Lezama Lima en el actual”. Esta es una de las grandes salidas ingeniosas de Lezama. Pero en la broma hay un fondo de verdad: el maestro reverenciado del siglo veinte tenía como paradigma  de las letras a Martí, maestro universal del siglo XIX.

En su obra, Lezama dedicó muchos de sus textos a José Martí, lo admiraba tanto que dedicó un número especial de su revista Orígenes al Apóstol; también en sus ensayos la palabra de Martí era un referente cotidiano; en la Antología de la poesía cubana, editada y prologada por Lezama, la obra de nuestro Héroe Nacional cierra sus páginas.

En una entrevista concedida a Félix Guerra, periodista cubano, Lezama ofrece este retrato íntimo y descomunal del Maestro, en donde dice, entre otras cosas: “Martí es un vecino arropado de los senderos, un solitario que mira de frente y se abanica con palmas, una levita olorosa a caminos, a monte, a ciervo que busca amparo, a banderón de la entrada. Su mentón huidizo carece de importancia, porque vive bajo un follaje bigotudo. Es una persona intensa, olvidada de los espejos.”

 Y termina el retrato con palabras dolorosas y enaltecedoras: “No fue ciertamente un hombre para vivir atribulándose hasta los 70, ni para fallecer durmiendo en un catre o una hamaca, sino, paradójicamente, para atacar con un arma que no dispara y cabalgar hacia un enemigo que ama más que aborrece, que desea más redimir que derribar”.

Lezama se pregunta en uno de sus textos: “¿Dónde acostó a dormir el verbo que le creció tan colosal?”. Nadie lo sabe. O sí: Martí acostó su verbo en la verdad, en la incuestionable cubanía, en la solapa de cada cubano, de cada niño amado, por eso las palabras mayores, majestuosas de todas las que dijo Lezama sobre el más universal de los cubanos fueron estas: “Martí es un misterio que nos acompaña”.  

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