La Habana.- NADIE que sienta a la pelota dentro del pecho, y en Cuba ella vive en el mismísimo corazón del sentimiento nacional, puede dejar de avergonzarse por el desenlace del equipo Cocodrilos de Matanzas en la tercera edición de la Champions League de América.
Traicionaríamos a lo que hemos definido, con justeza, como Patrimonio Cultural de la nación, si vemos con indiferencia lo ocurrido. No es de cubanos dignos mirar a otro lado, ni dejar de asumir responsabilidades.
JIT es la publicación del deporte cubano, y su misión es reflejar todo lo que hace este pequeño país en un universo deportivo cada vez más complejo. En él conviven, por un lado, la alta exigencia competitiva y por el otro la actual situación a que está sometida la Mayor de las Antillas, bloqueada hoy de manera recrudecia y ahogada en un cerco económico que asfixia a su economía y, en consecuencia, a su pueblo.
Es por eso que desde este espacio es también imprescindible analizar lo sucedido, desde todos los ángulos, a fin de contribuir a un debate más amplio.
La pelota no es un fenómeno aislado, recibe el mismo impacto que en toda la sociedad causa la cada vez más hostil política del gobierno de Estados Unidos.
Las mismas penurias de los apagones, de las dificultades con el transporte o de la alimentación hacen, muchas veces, que los peloteros no cuenten en la Serie Nacional ni con las condiciones mínimas que demanda un deportista de alta competencia.
El propio calendario de ese torneo, en su etapa más emotiva, la de los play off, sufrió cambios sustanciales, justo cuando la calidad es mayor; y claro, esta se resintió y se contrajo.
Fue una proeza terminar la pasada campaña, de la cual Matanzas fue justa ganadora. Es decir, concordamos con el criterio de que cuando se representa a una liga, el resultado es el reflejo del nivel de ella; pero, aun cuando nadie desconoce que nuestro beisbol no pasa por un buen momento, hay mucho más que bolas y strikes que incide en lo que se muestra en el terreno.
Desde hace más diez años, el beisbol cubano es lacerado por una migración políticamente motivada, causada por el mismo cerco económico. Ese fenómeno pudo encontrar un flujo normal y organizado hacia otras ligas, incluyendo la MLB estadounidense con el acuerdo logrado entre ella y la Federación Cubana, roto de un plumazo por el mismo gobierno que pretende estrangularnos.
También por ahí se flagela la calidad de las temporadas cubanas, hasta llegar a un Matanzas que en la Champions League permitió más de siete carreras en todos los juegos, que le poncharon a 42 bateadores en cuatro partidos, o que sus lanzadores, solo en un encuentro, hayan boleado a 19 adversarios y recibido 29 imparables.
Cuba no ha renunciado a defender los altos estándares alcanzados en las más exigentes competiciones, mucho menos a conformarse con magros rendimientos en el béisbol.
Bloqueo hemos tenido desde que triunfó la Revolución, y ella lleva invicta 67 años; ataques a la pelota y al deporte en general, en tanto es una de sus grandes conquistas, también. Sin embargo, su resistencia que es igual a victoria, pasa porque ha sabido buscar las soluciones para vencer, ajustándose al momento en que se vive y a las perspectivas de crecimiento futuro.
La pelota se ha empeñado en esa búsqueda. Se trazó una estrategia nacional, que es flexible, y en consecuencia ajustable. Tal vez por esos atributos tenga que revisar y repensar su temporada.
¿Podemos sostener un certamen con 16 equipos? ¿Garantiza esa cantidad de elencos la calidad o la entorpece?
En el proceso de conformación de la Ley del Sistema Deportivo Cubano se analizaron varias normas vigentes en algunos países, incluyendo los de nuestra área geográfica.
Con ese prisma pudiera observarse que en las ligas beisboleras del llamado circuito del Caribe, por demás profesionales, con esquemas de financiamientos que respaldan el beisbol moderno, solo una llega a diez equipos: la Liga Arco o Liga Mexicana del Pacífico, en un país de más de 126 millones de habitantes.
En Venezuela, con más de 26 millones de población, la LVBP cuenta con ocho elencos; la dominicana Lidom, con seis, en un territorio donde viven aproximadamente 11,5 millones de personas, y en la Roberto Clemente, de Puerto Rico, son igual seis, y 3,2 millones de boricuas en esa isla.
Además, en ninguna de ellas el calendario llega a 70 encuentros por equipo; es más, solo la mexicana pasa de 60. Es decir, son torneos que se juegan intensamente, sin baches en cuanto a la demanda competitiva; esta siempre es alta.
El formato de nuestra Serie Nacional, con 16 conjuntos es un reto a su sostenibilidad, en estos momentos y en cualquier otra circunstancia. La concentración del talento debe aportar ese nivel y optimizaria los recursos, incluso estos hasta pudieran revertirse en mejor remuneración al pelotero o en favorecer las condiciones de los estadios y los aseguramientos que lleva el campeonato.
Más racionalidad en el primer nivel podría favorecer, en cantidad de partidos, los calendarios de las categorías inferiores, para que estás doten al escalón superior un pelotero más hecho.
El Sistema Deportivo Cubano no deja un día de laborar en cómo se mantienen, bajo condiciones tan adversas, las grandes glorias que este le ha dado al país.
La pelota no es la excepción, debe trabajarse con la convocatoria del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, cuando el 24 de agosto de 2008, en su Reflexión Para el honor medalla de oro, dijo: «Revisemos cada disciplina, cada recurso humano y material que dedicamos al deporte. Debemos ser profundos en los análisis, aplicar nuevas ideas, conceptos y conocimientos».
Tomado de Jit Oscar Sánchez Serra




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