En Vivo

Los sembradores de belleza: crónica de los instructores de arte en Cuba

Publicación: 17 Feb, 2026

Hay quienes enseñan matemáticas, quienes enseñan historia y quienes enseñan a leer. Pero hay otros menos visibles, aunque imprescindibles que enseñan a sentir. En Cuba, esos son los instructores de arte: sembradores de belleza en patios escolares, en casas de cultura, en escenarios improvisados bajo el sol.

A las cuatro de la tarde, cuando el calor comienza a ceder y el bullicio escolar se transforma en ensayo, allí están ellos. Una instructora de danza corrige con suavidad la postura de una niña que apenas llega a los diez años. “Espalda recta, mira al frente, confía”, le dice. No solo está formando una bailarina; está formando seguridad. En otra aula, el instructor de teatro pide silencio antes de comenzar la escena. Un adolescente, tímido hace apenas meses, proyecta ahora su voz con firmeza. Algo cambió. Y ese cambio tiene nombre: acompañamiento.

Muchos de estos jóvenes pertenecen a la Brigada de Instructores de Arte José Martí, creada para llevar la cultura a cada rincón del país. Su misión no es sencilla. Implica trasladarse a comunidades apartadas, organizar festivales escolares, rescatar tradiciones, tocar puertas y convencer a padres y vecinos de que el arte también es prioridad.

Ser instructor de arte en Cuba no es solo dominar técnicas de música, danza, teatro o artes plásticas. Es entender que el arte puede salvar del silencio, del desánimo y de la apatía. Es detectar en un dibujo torpe la chispa de un futuro pintor. Es escuchar en una voz insegura el potencial de un solista. Es convertir un barrio cualquiera en escenario.

En cada actividad cultural hay horas invisibles: planificación, ensayo, correcciones, motivación constante. Ellos celebran cada logro como propio y asumen cada tropiezo con responsabilidad. No buscan aplausos personales; buscan el brillo en los ojos de quienes descubren que pueden crear.

En tiempos donde las distracciones abundan y las dificultades golpean, los instructores de arte sostienen una certeza: la cultura es refugio y es fuerza. Gracias a ellos, las tradiciones se mantienen vivas, los talentos encuentran camino y la identidad se fortalece desde edades tempranas.

Esta es la historia cotidiana de quienes trabajan muchas veces en silencio, pero cuyo impacto resuena en cada presentación escolar, en cada festival comunitario, en cada niño que pierde el miedo escénico y gana confianza.

Publicaciones relacionadas

0 comentarios