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El corazón que no entiende de colas: La fuerza de la solidaridad cubana

Publicación: 13 Abr, 2026

En los últimos días, las calles de nuestras ciudades y demarcaciones tienen un paisaje diferente. El rugir habitual del tránsito se ha apagado, y en su lugar ha quedado el sonido de los pasos, las esperas y el susurro de la preocupación. La escasez de combustible ha impuesto una nueva dinámica a la vida cotidiana, una que reta la paciencia y pone a prueba la rutina de miles de familias.

Sin embargo, en medio de las incomodidades y los silencios forzados, ha surgido una melodía que nos identifica y nos salva: “La de la solidaridad entre vecinos.”

Es en estos momentos de dificultad compartida donde el alma del cubano se agiganta y demuestra de qué está hecha. Lo vemos a diario en pequeños gestos que parecen anécdotas, pero que en realidad son la estructura que sostiene al país. Es el vecino que, sabiendo que al escasear la harina de trigo se dificulta la entrega del pan, ofrece uno para compartir. Es el joven que brinda su bicicleta para llevar al médico un anciano que necesita de asistencia en esta instalación. Es la familia que con su ingenio crea un fogón rústico en el patio para los que necesitan cocer los alimentos.

Cuando los motores se detienen, los pies se mueven, y con ellos, la voluntad de no dejar a nadie atrás. La unidad en Cuba no es un concepto abstracto que se guarda en un libro; es una acción cotidiana que florece en la adversidad. Es la certeza de que, aunque los recursos escaseen, el cariño y la disposición a ayudar siguen siendo un bien infinito.

Esta es la grandeza de un pueblo que no se rinde. Una vez más, los cubanos demuestran que la verdadera riqueza no está en los tanques de combustible, sino en la calidez humana que se multiplica en cada esquina. Porque si algo hemos aprendido a lo largo de los años, es que cuando el camino se pone cuesta arriba, juntos, empujando para el mismo lado, la cuesta se hace menos empinada.

En estos días de esperas y carencias, no perdamos la fe en lo que somos. Que la escasez no nos nuble la mirada. Que la cola no nos enfrente, sino que nos una en una misma lucha: la de salir adelante, con lo que tenemos y sobre todo, con lo que somos. Porque mientras exista un cubano dispuesto a echar una mano, habrá motivos para creer que el mejor combustible es el corazón de su gente.

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