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Los arroceros tienen la palabra

Publicación: 3 Feb, 2026

Si un renglón de la Agricultura es imprescindible en la mesa de cualquier hogar cubano es el arroz. En estas últimas semanas su ausencia se nota, aunque en verdad ya algunos consumidores de varias unidades del Comercio Interior adquirieron sus cuotas correspondiente a enero gracia al donativo de la República Popular China, el resto para cubrir con la asignación se cumplirá cuando mejoren las condiciones meteorológicas impuestas por la entrada del octavo frente frio de la temporada y se asegure la transportación marítima.

Todo este empeño que hace el país por asegurar producciones a los pineros pudiera revertirse con un esfuerzo mayor de quienes son los encargados de asegurar la comida al pueblo. Y el arroz no escapa de este propósito, es un programa de la agricultura al cual en los últimos años se han destinados recursos sin que hasta ahora se vean resultados tangibles.

Hoy el Municipio Especial dispone de dos polos arroceros, Julio Antonio Mella en Mella y Sabana Grande al oeste del territorio.

Del primer enclave donde radican las llamadas terrazas, se espera por concluir inversiones en ejecución desde hace varios años, esas obras permitirán ampliar las producciones, en tanto, en Sabana Grande se acometen también inversiones como colocación y sustitución de varios kilómetros de tubos para llevar el agua hasta  los arrozales por medio del aniego.

Hoy una novedosa experiencia a destacar allí, es la alianza de un  campesino con el grupo de Granos, resultados que hasta ahora son alentadores en las más de sesenta hectáreas sembradas en esta campaña.

Hermis Gutiérrez Nápoles, es el nombre de este guajiro que además de sobresalir también como tabacalero, decidió un día  incursionar en la producción arrocera y hasta ahora no le ha ido mal.

Pero no solo basta con esta probada actitud, también se impone imprimir mayor celeridad a un programa tan necesario y de amplia demanda popular como es el arroz. Se requiere como exige el momento pensar de otra manera y enfrentar con iniciativas cada acción por muy difícil que resulte el camino.

A este esfuerzo de los arroceros también deben incorporarse algunas entidades del municipio, con posibilidades para sembrar arroz mediante un movimiento popular y que por lo menos se logre en esa modalidad no menos de 500 hectáreas, que pueden contribuir a la alimentación de sus propios trabajadores y aportar a la alimentación del pueblo.

Sin duda que los arroceros de la Isla de la Juventud tienen más que un reto, un compromiso moral con su pueblo.

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