“No sé cómo salir de mi tristeza. Papá está ya tan malo que esperan que viva poco. ¡Y yo no he tenido tiempo de pagar mi deuda, vivo”.
Esta misiva, la escribe el Apóstol José Martí, a su hermano del alma, el mexicano Manuel Mercado, en enero de 1887, en las líneas, el héroe cubano, deja ver el dolor por su padre Mariano Martí, el cual su salud se quiebra lentamente.
Sin embargo, Don Mariano Martí sufre la ausencia de su primogénito, José Julián, su espíritu se reparte entre raíces españolas y cubanas.
Con total dolor, Martí confiesa a su amigo mexicano la muerte de su padre, aquel dos de febrero de 1887, encontrándose él Nueva York, con profundo pesar, escribe: “ Cuanto tengo de bueno, trae su raíz de él. Me agobia ver que muere sin que yo pueda servirlo y honrarlo”.
Aquella noticia hiere profundamente a su corazón destrozado, hacía siete años que el joven se encontraba lejos de sus padres, rememora con profundo pesar que conoció a su padre y llegó a quererlo bajo su humilde exterior, quería amarlo y ostentarlo de manera que todos viesen a Mariano Martí.
Ese día, Doña Leonor y sus hijas visten de luto, al igual que La Habana y su llanto atraviesa el mar, abraza a su hijo el valenciano de mirada profunda, que derramó lágrimas al ver a su único hijo varón preso en las canteras de San Lázaro.
En los años siguientes José Martí continua en sacerdocio ejemplar, concentrado en la lucha por la independencia de Cuba y su padre lo acompaña en verso y pensamiento, en el Periódico Patria el hijo reverencia las huellas del progenitor.
“ Recuerda Patria a un empleado que , un domingo de mucha luz, cuando se iban acercando los días creadores del sesenta y ocho, se volvió al hijo de repente, y le dijo así: Porque yo no extrañaría verte peleando un día por la independencia de tu tierra.’’




0 comentarios