El teatro es el arte del instante, el lugar donde la palabra se hace carne y la emoción se viste de luz. Isla de la Juventud tiene una mujer que habita ese territorio mágico, entre lo efímero y lo eterno. Se trata de Delvis Dubois Lamont.
«Cuando vivía en Oriente, me gustaba mucho ir al cine. El cine cubano estaba en una efervescencia maravillosa y no me perdía ninguna película cubana. Y entonces, nada, al venir a vivir a la isla cuando tenía como 19 años, ya empiezo entonces en la Casa de la Cultura de aquí de Gerona, con el profesor Orozco, y ahí ensayando y no sé qué. Me empiezo a interesar por el teatro, yendo a ver a Pinos Nuevo, cuando eso también estaba en una efervescencia muy buena»
«Y en ese momento tengo la suerte de que La Toronjita Dorada se había quedado sin actores, los actores se habían ido. ¿Y entonces? La dirección de Cultura, en ese momento estaba bajo Tatica, el papá de esta muchacha que es locutora en la edición. Bueno, ahí se reúnen ellos, determinan, traen profesores del Guiñol Nacional de Cuba que dieran clases, que no sé, en fin, ahí estaba yo»
El teatro no miente, fragmenta la verdad en mil pedazos y nos obliga a juntarlos con las manos desnudas. Cada función es un espejo que alguien rompió a propósito.

«Di clases ahí con todos esos grandes directores del Guiñol Nacional de Cuba que ya no están: Armando Morales, fue un profesor al cual quise mucho y que ya desapareció; Raúl Guerra, en fin, casi todos ellos.
Y ahí, en La Toronjita, nos fuimos haciendo con ellos hasta llegar a evaluarnos. Y entonces, ya cuando nos evaluamos, ahí estaba Pepe, que ya estaba evaluado. Todos los demás que se fueron, bueno, él se quedó. Se evaluó y después cada cual cogió su camino otra vez. Muchos se quedaron ahí abajo. Pepe hizo la carreta de los Pantoja y yo me fui con Enel Ramírez para un grupo que se llamaba Avalancha, en el que no duró ni un año y medio. Y ahí comenzó con Pinos Nuevo y con Olachea, hasta ahora.
Para Delby Dubois, el teatro es más que un escenario, es vida en movimiento, una fuerza que lo sigue a donde vaya. Actuar no es solo su pasión, es su manera de existir, su forma de enfrentar el mundo y mantenerse íntegro. Su dedicación al teatro dramático, su talento innato y su entrega profesional la han convertido en una figura emblemática de la cultura pinera.
A lo largo de su carrera, ha participado en diversas puestas en escena, destacando obras como El hombre de la gallina, Contigo pan y cebolla y Caricias. Además, ha sido reconocida con premios como el Premio Municipal de Teatro y el Premio de Actuación del Festival de Televisión TU TV.
Su existencia refleja una entrega absoluta al teatro, donde la pasión y la dedicación se entrelazan con cada interpretación, dejando un legado que sigue vivo en cada escenario que ha iluminado con su arte.
Fotos: Yoandris Delgado Matos




0 comentarios