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Vicentico Valdés, el bolero que no puede faltar

Publicación: 21 Jul, 2024

Categorías: Culturales

Mis recuerdos más antiguos tienen música. Era la que recorría el éter desde aparatos de radio donde se escuchaban piezas alegres y aquellos boleros a la manera de Vicentico Valdés, con los que mis padres se enamoraron.

No puedo definir con exactitud, sin embargo, existen melodías ligadas a mi vida, a pesar de no haber tenido idea de quién cantaba. Añorado encuentro, Los aretes que le faltan a la luna o Envidia, quedaron en quienes los escuchamos, cual nuestra propia voz interior.

Eran algunos de títulos del sinfín que el célebre mulato del barrio habanero de Cayo hueso sembró en el sentir del pueblo con pasión y buen gusto.

Había nacido Vicente Valdés Valdés en 1918 en una familia de grandes músicos y esa genética hizo diana en el niño prodigio, que enseguida empezó una extensa carrera artística.

En diferentes agrupaciones demostró enorme talento para hacer sones, guarachas e incluso ritmos de origen africano, y a mediados del siglo anterior era reconocido no solo en su isla natal. Con apenas 25 años de edad lo aplaudieron en México y rápidamente se trasladó a Estados Unidos.

Junto a los viajes de Vicentico Valdés, creció su éxito al integrar en Nueva York orquestas de incuestionable prestigio, como la del puertorriqueño Tito Puente. Entonces incorporó hasta chachachás y mambos, y comenzó a darse a conocer con lo que sería su sello en canciones y boleros.

Lo mejor estaba por llegar: fue profeta en su tierra. Precisamente en La Habana del decenio de los 50 grabó con la simpar agrupación Sonora matancera los temas que lo catapultaron al estrellato definitivo.

Regresó a la nación norteña, fundó su propia orquesta, y luego decidió ser solista. No obstante, su nombre trascendió a Latinoamérica cual símbolo de la mejor forma de interpretar la pasión amorosa.

Vicentico Valdés cantó hasta unos meses antes de su deceso el 26 de junio de 1995 y siempre mantuvo apego a sus raíces, defensa de la obra de los mejores compositores cubanos, repertorio tan exquisito como su voz y cadencia melódica que subyugaba hasta el alma.

Tomado de RHC

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