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Cuando vuelva a sonar el timbre

Publicación: 26 Ago, 2026

Va a ser difícil este curso. Decirlo no significa renunciar a la esperanza. Al contrario. A veces, para defender aquello en lo que creemos, también hay que tener el valor de mirar de frente las dificultades.

El primero de septiembre volverán a abrirse las escuelas cubanas. Volverán las voces en los pasillos, el olor de los libros, las libretas nuevas, las mochilas sobre los hombros y esa emoción que tienen los niños cuando comienzan un grado diferente, cuando conocen a un maestro nuevo o cuando vuelven a encontrarse con sus amigos después de las vacaciones.

Pero este no será un comienzo cualquiera. El curso 2026-2027 llega en medio de una realidad compleja. Las dificultades energéticas, el combustible, el transporte, el abastecimiento y las limitaciones materiales también entran por las puertas de nuestras escuelas. El propio sistema educativo ha tenido que prepararse para un curso diferente, más flexible y adaptado a las posibilidades de cada territorio.

Y detrás de cada una de esas dificultades hay una familia. Una madre que busca cómo completar los útiles escolares. Un padre preocupado por el uniforme. Un abuelo que ayuda a preparar una mochila. Un maestro que sabe que tendrá que hacer más con menos.

Por eso, cuando hablemos del nuevo curso escolar, no deberíamos quedarnos solamente con la imagen bonita del niño estrenando su pañoleta o abriendo un libro. Hay que mirar también al maestro que llega al aula cargando sus propias preocupaciones. Hay que mirar a la familia que hace cuentas. Hay que mirar a la escuela que tendrá que encontrar soluciones donde antes bastaba con seguir una rutina. Y aun así, hay algo que no deberíamos permitir que se pierda: la emoción de comenzar.

Porque un libro no es solamente un objeto que llega a las manos de un estudiante. Es una puerta. Es la posibilidad de descubrir una palabra nueva, resolver un problema, conocer un acontecimiento de nuestra historia, imaginar un futuro diferente. Quizás por eso la escuela cubana sigue teniendo un valor que trasciende las dificultades del momento.

No porque esté ajena a ellas, sino porque precisamente en momentos difíciles es cuando más necesitamos que nuestros niños sigan aprendiendo.

El desafío será enorme. Habrá que acompañar a los maestros, escuchar a las familias, cuidar a nuestros estudiantes y encontrar soluciones concretas en cada comunidad. La experiencia reciente ya demostró que la educación ha tenido que adaptarse para garantizar la continuidad de los estudios.

Pero también habrá que cuidar algo que no aparece en ninguna estadística: la ilusión de un niño frente a su primer día de clases. Porque detrás de ese uniforme quizás haya una familia que hizo un esfuerzo enorme para tenerlo listo.

Detrás de ese cuaderno puede haber sacrificios que nadie conoce. Y detrás de ese libro hay una idea mucho más grande: que, a pesar de las circunstancias, seguimos apostando por formar a quienes mañana tendrán que levantar este país.

Será un curso difícil, sí. Pero que la dificultad no nos haga olvidar lo esencial. Cuando vuelva a sonar el timbre, cuando las aulas se llenen otra vez de voces y un maestro escriba la primera fecha en la pizarra, estaremos viendo algo más que el comienzo de un período lectivo. Estaremos viendo a Cuba intentando, una vez más, abrirle un camino al futuro.

Y ese camino comienza, como tantas veces, con un libro entre las manos de un niño.

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