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Febrero suena a Sucu Suco: Mongo Rives y la música que no se fue

Publicación: 19 Feb, 2026

Hay músicas que se escuchan y otras que se sienten. En la Isla de la Juventud, el Sucu Suco no solo se oye: se camina, se baila, se hereda. Y cada febrero, cuando se recuerda la partida de Mongo Rives, ese ritmo vuelve con más fuerza, como si la memoria tuviera tambor propio.

Mongo no hacía música para el aplauso fácil. Su canto nacía de la tierra, del polvo de los caminos, de las fiestas sencillas y de la vida cotidiana del pinero. Cuando sonaba su voz, el Sucu Suco dejaba de ser solo género musical y se convertía en emoción compartida. Bastaban unos acordes para que los pies respondieran solos y el corazón marcara el compás.

Su manera de cantar era directa, sin artificios. Cantaba como quien cuenta una historia querida, como quien defiende lo suyo. En cada interpretación iba la Isla completa: el campo, la gente, las celebraciones, la identidad. Por eso su música caló tan hondo, porque hablaba de nosotros, con nosotros y para nosotros.

En febrero no se recuerda un silencio. Se recuerda una música viva. Las canciones de Mongo Rives siguen sonando en patios, en encuentros culturales, en la memoria de quienes lo escucharon y en la curiosidad de quienes lo descubren hoy. El Sucu Suco que él defendió no envejece; se renueva cada vez que alguien lo baila con orgullo.

Mongo Rives se fue en febrero, sí. Pero su música se quedó. Se quedó marcando el ritmo de la Isla de la Juventud, enseñándonos que la identidad también se canta y que hay legados que no necesitan monumentos, porque viven en el cuerpo y en la emoción.

Por eso, cuando febrero llega, la Isla no calla. Suena. Y en ese sonido, Mongo Rives vuelve a reinar como el eterno Rey del Sucu Suco.

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