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El Che, solidario y valiente

Publicación: 8 Oct, 2026

Aquel 8 de octubre de 1967, la guerrilla del Che Guevara en Bolivia estaba acorralada. Sin contacto con Cuba, diezmada por enfermedades y con la CIA y el ejército boliviano siguiéndole la pista, el Comandante se movía con un grupo de unos 17 hombres por la zona de la Quebrada del Yuro, cerca de La Higuera. Su asma lo castigaba y las provisiones escaseaban. La suerte estaba echada.

Pasado el mediodía, las tropas del capitán Gary Prado Salmón cerraron el cerco. El fuego fue breve y desigual. El Che intentó resistir, pero una ráfaga le atravesó la pierna izquierda. Al querer usar su pistola, esta estaba vacía. Herido y sin municiones, fue capturado con vida. Junto a él cayeron prisioneros el boliviano Simeón “Willy” Cuba y el peruano Juan Pablo Chang “El Chino”. Otros guerrilleros murieron en el combate o lograron dispersarse.

Los soldados lo llevaron a la humilde escuelita de La Higuera, un caserío de unas treinta casas. Allí lo encerraron en un aula, con las manos atadas y la pierna herida. Le quitaron sus pertenencias: relojes, pipas, una daga, libros y dinero. Vestía harapos y respiraba con dificultad.

A la mañana siguiente, el 9 de octubre, llegaron a La Higuera el coronel Joaquín Zenteno Anaya y el agente de la CIA Félix Rodríguez. Poco después, el suboficial Mario Terán recibió la orden de ejecutar al prisionero.

El Che fue fusilado en la escuelita. Su cuerpo fue exhibido en Vallegrande ante la prensa y luego enterrado clandestinamente durante décadas. Así terminó, entre la Quebrada del Yuro y La Higuera, la última campaña del Che Guevara. Capturado el 8 de octubre y asesinado al día siguiente, su figura se convertiría en un símbolo mundial de la rebeldía y la utopía revolucionaria.

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