La evidencia científica indica que la IA ya puede intervenir en nuestra manera de utilizar el lenguaje, pero aun no es posible afirmar que haya cambiado irreversiblemente la naturaleza de la comunicación humana
Hasta hace poco, hablar con una máquina significaba darle instrucciones mediante botones, introducir comandos o seleccionar respuestas predeterminadas.
La inteligencia artificial generativa ha cambiado esa relación. Los sistemas actuales pueden mantener conversaciones, adaptar su lenguaje al interlocutor, expresar aparentes señales de empatía y participar en intercambios que, desde el punto de vista lingüístico, se parecen cada vez más a una conversación humana.
Pero la transformación no ocurre solamente en las máquinas. Una investigación publicada en agosto de 2026 por la Universidad de Birmingham, Aarhus University y Linnaeus University sostiene que los robots diseñados para comportarse de manera más humana pueden provocar cambios en la manera en que las personas se perciben y actúan.
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Imagen ilustrativa: Infobae
La investigadora Inci Toral-Manson, profesora asociada en la University of Birmingham, resume el fenómeno con una frase particularmente sugerente: “Los robots se vuelven más parecidos a las personas, y las personas más parecidas a los robots”. Es así que su trabajo propone el concepto de robotoid humanness, propuesto por los investigadores para describir esa influencia bidireccional.
Una conversación de nuevo tipo
Hay evidencias de que la IA puede modificar la forma en que los seres humanos escriben y se
relacionan. Un experimento publicado en Scientific Reports encontró que https://www.nature.com/articles/s41598-023-30938-9 las sugerencias automáticas de respuesta en aplicaciones de mensajería hacían que los participantes respondieran más rápidamente y utilizaran un lenguaje más positivo.
Además, quienes recibían esos mensajes tendían a percibir a sus interlocutores como más agradables y cooperativos. No se trata de una impresión anecdótica; de la mano de la ciencia, fueron dos experimentos con 219 parejas de participantes, asignadas aleatoriamente a las distintas condiciones experimentales.
El fenómeno adquiere mayor alcance cuando la IA deja de sugerir una respuesta y comienza a redactarla. Otro estudio publicado en julio de 2025 en el Journal of Computer-Mediated Communication, que examinó 427 mensajes de apoyo interpersonal, encontró que el 57,1 % había sido producido mediante algún tipo de colaboración entre humanos e IA.
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Los investigadores observaron que la modalidad de utilización de la IA podía modificar características del mensaje y la percepción de su utilidad y autenticidad.
Esto introduce una modificación silenciosa en la comunicación cotidiana: ya no solo elegimos qué queremos decir, sino también si queremos que una máquina encuentre las palabras por nosotros. Un correo electrónico, una disculpa, una declaración de amor, una felicitación o una respuesta al jefe, pueden llegar al destinatario después de haber pasado
por un sistema que ha aprendido de enormes cantidades de lenguaje humano.
De tal modo, la frontera entre lo que dijo una persona y lo que esta pidió a una máquina que dijera comienza a hacerse menos evidente.
La empatía en juego
La cuestión se vuelve todavía más interesante cuando entra en juego la empatía. Investigaciones recientes han encontrado que las personas pueden valorar las respuestas empáticas producidas por IA de manera muy favorable.
En cuatro experimentos preregistrados con 556 participantes, estudiosos constataron que terceros podían considerar las respuestas de IA más compasivas que determinadas respuestas humanas.
Pero aquí asoma una paradoja esencial: que una máquina produzca una respuesta percibida como empática, no significa que experimente empatía.
Investigaciones sobre modelos de lenguaje distinguen entre la capacidad de identificar cognitivamente estados emocionales y la experiencia afectiva de compartirlos. Indagaciones recientes encuentran que los modelos pueden alcanzar un rendimiento elevado en determinadas tareas de empatía cognitiva, mientras muestran limitaciones en la empatía afectiva propiamente humana.
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Imagen ilustrativa: Generado por IA, Gemini / latercera.com
La diferencia pudiera parecer filosófica, pero tiene consecuencias prácticas. En enero de 2026, un estudio publicado en Communications Psychology sometió a 492 participantes a interacciones destinadas a generar cercanía interpersonal.
Cuando los participantes creían que conversaban con un ser humano, algunas interacciones realizadas realmente mediante respuestas generadas por un modelo de lenguaje llegaron a producir mayor sensación de cercanía que aquellas donde intervenían solo humanos, especialmente durante conversaciones emocionalmente profundas. Sin embargo, cuando sabían que hablaban con una IA, la cercanía disminuía, aunque no desaparecía.
El efecto espejo
La comunicación humana funciona, en parte, mediante adaptaciones entre los hablantes: modificamos el tono, las palabras, la extensión de nuestras respuestas y hasta el grado de intimidad según quién tenemos delante. Si ese interlocutor artificial responde instantáneamente, nunca parece cansarse, mantiene una cortesía constante y puede reorganizar cualquier mensaje para hacerlo más claro, es razonable estudiar si las personas terminan acomodándose a esas mismas características.
La investigación de Birmingham plantea precisamente esa posibilidad, aunque no demuestra que todos los usuarios de IA vayan a experimentar una transformación semejante ni que el efecto sea permanente.
La sociología aporta otra perspectiva porque la IA ya no está únicamente entre el individuo y una herramienta, sino que comienza a formar parte de redes sociales híbridas. Un artículo publicado en Nature Human Behaviour ha planteado la necesidad de estudiar los sistemas donde interactúan personas, algoritmos y robots como sistemas sociales propiamente dichos.
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Imagen ilustrativa: tomada de chatcenter.net
En paralelo, experimentos con grupos de agentes de IA han mostrado que estos pueden desarrollar espontáneamente convenciones compartidas de comunicación cuando interactúan entre ellos, fenómeno ya analizado en Science Advances.
¿Una nueva forma de pensar?
La dimensión neurobiológica exige, sin embargo, mucha cautela. El cerebro humano cambia con la experiencia y el aprendizaje, pero de los estudios disponibles no puede concluirse que conversar habitualmente con ChatGPT u otro chatbot esté produciendo una modificación estructural permanente del cerebro humano.
Sí existen investigaciones que estudian efectos cognitivos, conductuales y socioemocionales de la interacción prolongada con IA, pero todavía se necesitan estudios longitudinales mucho más amplios para determinar qué cambios, si los
hubiera, persisten con el tiempo.
Lo que sí se sabe es que las personas modifican su conducta cuando saben que su comportamiento está siendo utilizado para entrenar una IA. Un estudio publicado en PNAS encontró que las personas cambiaban su comportamiento al saber que sus decisiones podían utilizarse para entrenar una IA, y que determinados efectos persistían días después.
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Imagen ilustrativa: tomada de canal1.com.co
Otra investigación, publicada en 2025, identificó mediante 12 estudios y 13.342 participantes, un denominado “Efecto de evaluación de IA”. Según esa indagación, ante una evaluación realizada por IA, las personas tendían a enfatizar características analíticas y a restar importancia a las intuitivas o emocionales.
La pregunta que queda abierta
Desde la filosofía y otras disciplinas afines, el problema va más allá de si una máquina puede conversar. Durante siglos, el lenguaje fue considerado una de las expresiones fundamentales de la condición humana, porque hablar implicaba tener una experiencia, una intención, una memoria y un mundo compartido con otro individuo.
Los grandes modelos lingüísticos pueden producir respuestas extraordinariamente convincentes sin que exista evidencia de que posean esas características en el sentido humano, y tal diferencia obliga a separar la apariencia de comprensión de la
experiencia de comprender.
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Imagen ilustrativa: Getty Images
La cuestión decisiva, por tanto, quizá no sea si las máquinas terminarán hablando como nosotros. Eso ya está ocurriendo en determinados contextos. La pregunta que la investigación comienza a colocar sobre la mesa es la inversa: qué ocurrirá con nuestra manera de hablar, escuchar, sentirnos comprendidos y relacionarnos, cuando una parte creciente de las conversaciones las tengamos con un interlocutor que sea una máquina diseñada para parecer humana.
Tomado de Cubasi




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