Hay nombres que se pronuncian y nada más, y hay nombres que cuando se dicen despiertan recuerdos, emociones y páginas enteras de la historia. Fidel es uno de esos nombres. Este 13 de agosto Cuba se detiene ante una fecha inmensa, 100 años del nacimiento de Fidel Castro Ruz, un siglo desde que en Birán naciera quien dedicaría su vida a una idea que convirtió en bandera de la dignidad de Cuba.
Fidel fue el hombre de las montañas y de las grandes batallas, el joven que no aceptó contemplar el silencio en las injusticias de su tiempo, el revolucionario que hizo del Moncada un comienzo, de la Sierra una esperanza y del triunfo de enero de 1959 una nueva página para la nación.
Pero Fidel también fue el hombre de las palabras, el que hablaba durante horas porque sabía que una Revolución no se sostiene solamente con fusiles sino también con conciencia, educación, cultura y sueños.
Fue la voz que llamó a los cubanos a ser protagonistas de su propia historia, fue el líder que acompañó a un pueblo en momentos de victorias y de dificultades, el hombre que convirtió la resistencia en una forma de vida y que defendió hasta el último de sus días la soberanía de una pequeña isla frente a las presiones de un imperio y de un mundo muchas veces adverso.
100 años después de su nacimiento Fidel ya no pertenece solamente a una generación, pertenece a la memoria de Cuba. Está en las fotografías que amarillean con el tiempo, en las voces de quienes lo conocieron, en los relatos de quienes caminaron junto a él, en las aulas donde todavía se estudia la historia de la Revolución, en cada generación que vuelve a preguntarse qué significa ser cubano y defender la patria y quizás por eso su legado no puede medirse únicamente en monumentos ni en discursos, se mide en la capacidad de un pueblo para levantarse después de cada golpe, en la voluntad de no renunciar a sus sueños, en la convicción de que una nación pequeña también puede tener voz propia.
Fidel murió pero la historia no enterró sus ideas porque las ideas cuando encuentran un pueblo que las hace suyas puede sobrevivir al tiempo.
Hoy cuando Cuba llega al centenario de aquel 13 de agosto de 1926 no se recuerda solamente el nacimiento de un hombre, se recuerda una época, se recuerda una Revolución, se recuerda a quien dedicó su vida a intentar cambiar el destino de su país y que terminó convirtiéndose para millones en uno de los símbolos más reconocibles de la revolución cubana.
100 años después su nombre continúa escrito en la memoria de esta tierra. Fidel, el hombre, el revolucionario, el Comandante en Jefe, el líder que hizo de la palabra patria una razón de vida y mientras existe una Cuba que recuerde, que luche, que sueñe y que defiende su identidad, aquel niño nacido en Birán seguirá formando parte de nuestra historia porque hay hombres que pasan por la vida y hay hombres que dejan una huella tan profunda que el tiempo por mucho que avance no consigue borrarla. Fidel es para Cuba una de esas huellas. 100 años después de su nacimiento la historia continúa hablando de él.




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