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Los que se van, los que se quedan

Publicación: 11 Ago, 2026

En Cuba hay una conversación que muchas veces termina dividida en dos bandos: los que se van y los que se quedan. Como si cruzar una frontera significara dejar de querer a la tierra donde nacimos, y como si permanecer aquí fuera, por sí solo, una prueba suficiente de compromiso. Pero la realidad es mucho más compleja.

Hay cubanos que se marchan buscando oportunidades, estabilidad, reunirse con su familia o simplemente intentando construir una vida diferente. Y hay otros que, aun teniendo la posibilidad de irse, deciden quedarse. No todos permanecen por las mismas razones, como tampoco todos los que emigran olvidan de dónde vienen.

La emigración también nos debería hacer preguntas incómodas. ¿Qué estamos haciendo para que nuestros jóvenes encuentren razones para quedarse? ¿Qué oportunidades estamos creando para que el talento no sienta que su única posibilidad de realización está al otro lado del mar? ¿Cómo conseguimos que quedarse no sea solamente un acto de resistencia, sino también una posibilidad de prosperar, crear y soñar?

Desde una mirada revolucionaria, quizás el desafío no sea señalar al que se fue, sino construir un país que genere motivos para quedarse. Una Revolución que aspire a transformar la realidad tiene que ser capaz de escuchar incluso las razones de quienes decidieron marcharse. Porque detrás de cada emigrante hay una historia personal, pero también puede haber una señal de aquello que todavía debemos cambiar.

Y tampoco deberíamos idealizar a quienes se quedan. Quedarse no significa automáticamente tener razón, ni irse significa automáticamente traicionar. Hay quienes se quedan aportando, creando, emprendiendo, trabajando y sosteniendo comunidades enteras; y hay quienes emigraron y continúan ayudando a sus familias, enviando recursos, apoyando proyectos o manteniendo vivo el vínculo con Cuba.

Quizás la verdadera división no debería estar entre los que se fueron y los que se quedaron. Debería estar entre quienes quieren que Cuba avance y quienes han dejado de creer que sea posible.

Porque una nación no se construye únicamente con los que permanecen dentro de sus fronteras. Se construye también con sus ideas, sus vínculos, su memoria y con la capacidad de reconocer que todos, desde diferentes lugares, podemos tener una responsabilidad con la tierra que nos vio nacer.

Los que se fueron tienen derecho a buscar su camino. Los que se quedan tienen derecho a exigir que ese camino aquí también sea posible. Y quizá ahí esté el verdadero desafío revolucionario: no convencer a los cubanos de que se queden, sino construir una Cuba en la que quedarse vuelva a ser una opción digna, posible y esperanzadora

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