La noticia de la muerte de un gran periodista siempre deja un vacío difícil de llenar. No se trata solo de la pérdida de una voz reconocida de Radio Caribe, sino de la desaparición de un guardián de la verdad, alguien que dedicó su vida a iluminar la realidad con palabras claras y valientes. Su oficio no fue únicamente informar, sino también cuestionar, incomodar, hacer reflexionar.
Así fue Jorge Chales Urquiza, en cada una de sus crónicas, entrevistas, informaciones, comentarios o reportajes, reflejaba su compromiso con la ética y la pasión por el oficio. Su estilo, marcado por la precisión y la sensibilidad, convirtió la información en un puente entre los hechos y la conciencia colectiva de su pueblo.

Fue testigo de su tiempo, y narrador de los desafíos actuales, del empeño de campesinos, de los valientes combatientes, del sentir obrero, de la defensa de las ventajas sociales que trajo la Revolución, de su misión durante la Covid 19, en fin, de todo lo que oliera a noticia en el momento preciso, porque nos enseñó que el periodismo se ejerce las 24 horas.
Por eso se fue a Angola a cumplir una misión periodística, por eso fue a más de un Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, por eso su pecho albergó más de una condecoración, incluyendo el premio Por la obra de la vida, por esa entrega ocupó responsabilidades como jefe de información y programación en su amada Radio Caribe, a la que le dedicó más de 50 años.

Y por eso, este gran periodista, también gran padre, gran compañero en su barrio, primero en Juan Delio Chacón, luego en Nueva Gerona, con pasión recorrió cada finca de algún campesino, tomó su café y le grabó su voz para luego multiplicarla al éter.
Todo lo hacía con disciplina y ética laboral, y no faltaba su jocosidad, la sonrisa para sacarnos del paso cuando el estrés llega después del mediodía a una redacción donde varios, concentrados, pasan horas pensando en hacerlo todo lo mejor posible para el oyente.

Pero no todo es vacío, mirar su mesa, la máquina de Chales Urquiza, no sentir su sonrisa o esa frase que tanto me dijo: Elbita esto es radio, coge calma ahora redacto, y luego hacerlo con esa maestría de los grandes, por eso su ejemplo perdurará siempre.
La muerte de un periodista de tal talla no significa el fin de su legado. Sus palabras, sus investigaciones y su ejemplo seguirán inspirando a quienes creen en el poder de la verdad. En un mundo donde la desinformación amenaza con imponerse, recordar su vida es también un llamado a continuar defendiendo la transparencia y la justicia.




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