Abril, el mes de historia, el mes de Girón, de epopeya, de coraje de hombres que demostraron su amor a la patria en las arenas de aquella playa en 1961. Y con abril seguirá el homenaje de quienes hace 65 años participaron en la primera gran derrota militar de los Estados Unidos en América.
Muchos de esos combatientes fueron jóvenes dispuestos a morir por la patria, uno de ellos Gabriel Pino, trabajador incansable de la gastronomía, del turismo, hoy ya jubilado pero en su mente tiene el recuerdo de aquellos momentos de Girón.
“Bueno, yo puedo decir que fui artillero de la base Granma. Esa es la escuela de artillería antiaérea que se creó en 1960. Las inolvidables 15 baterías antiaéreas de las cuatro bocas. La batería mía, la 7, a principio de abril se decidió mandarla para la base aérea de San Antonio de los Baños. Nos emplazamos ahí, en la base aérea. Fidel nos visitó varias veces antes los ataques de los aviones”.
“Nos preparamos y no nos cogieron desprevenidos realmente. Si ellos venían, tres aviones B-26, venían con el propósito de acabar con la base aérea de San Antonio de los Baños, donde estaban los aviones guardados en sus túneles y agarraron dos o tres aviones rotos de baja que habían fuera de los túneles. Y cuando llegaron, pues por supuesto nosotros estábamos preparados, esperándolos”.
“Hicimos fuego, nos fajamos con ellos e intentaron dar una segunda vuelta, pero se aconsejaron y se fue un avión ya echando humo, averiado. A nosotros nos cayó una bomba a 10 metros de la pieza mía, que si explota no estuviera haciendo el cuento”.
“Estábamos jovencitos, pero decididos a dar la vida por la Revolución”. ¿No hubo temor? “No, yo soy producto de las milicias campesinas en San Antonio de los Baños. Ya en 1959, el hermano mío, Eliecer Pino, jefe de las milicias en la zona de Caserío de la Ceiba, una zona campo, era el jefe de la milicia campesina y me incorporé inmediatamente a la milicia campesina”.
¿Satisfecho entonces, Pino, por esta contribución que dio usted y el resto de los compañeros? “Sí, cómo no.
Casi llegando el año 1964 nos desmovilizaron y vine para la isla a trabajar, todavía no habían entrado los contingentes juveniles, empecé de chofer y terminé de director del Hotel Colony. Luego estuve 30 años representante en Cayo Largo.
Yo nunca me quité el uniforme, porque inclusive llegué a capitán en la reserva, en la reserva del Regimiento de Artillería Antiaérea en la isla. Y además, no me lo he quitado, estoy dispuesto ahora, en estos momentos, si viene una agresión a ser de los primeros en la línea de combate.




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