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Cuando la vida respira: crónica de un 24 de marzo en Cuba

Publicación: 26 Mar, 2026


Este 24 de marzo, los consultorios abrieron sus puertas antes de que el sol terminara de imponerse. En los barrios, el saludo temprano del médico y la enfermera no fue solo rutina: fue también prevención, pesquisa, cuidado, no fue un día cualquiera. Se recordó al mundo que la tuberculosis sigue siendo un desafío, pero también que enfrentarlo es una tarea posible.


Hace más de un siglo, un 24 de marzo de 1882, el científico Robert Koch anunció el descubrimiento de la bacteria causante de la tuberculosis. Aquel hallazgo marcó un antes y un después: por primera vez, la humanidad podía entender, diagnosticar y comenzar a combatir una enfermedad que durante años había cobrado innumerables vidas.

En Cuba, esa historia se traduce en presente. No se queda en los libros. Se vive en cada consulta, en cada pesquisa activa, en cada paciente que llega a tiempo y recibe tratamiento sin costo alguno. La tuberculosis, silenciosa y persistente, encuentra una respuesta organizada, humana, constante.


En un policlínico cualquiera, una enfermera revisa historias clínicas mientras orienta a una familia. Afuera, un anciano espera su turno; adentro, un joven escucha indicaciones para completar su tratamiento. No hay grandes titulares, pero sí pequeñas victorias cotidianas: un diagnóstico precoz, un seguimiento riguroso, una vida que se protege.

El Día Mundial de la Tuberculosis no es solo una fecha en el calendario. Es un recordatorio de que la salud también se construye desde la conciencia colectiva, desde la responsabilidad compartida. Es el llamado a no bajar la guardia, a reconocer síntomas, a acudir al médico, a confiar en la ciencia.


Cuba, desde su sistema de salud, mantiene la vigilancia y la acción. Campañas educativas, control epidemiológico y atención directa se entrelazan en una estrategia que pone en el centro a las personas.

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