“La presencia de Martí en la Isla ha sido fuente de inspiración para muchos creadores. Quizás, en mi caso, haya sido un poco más especial, porque he dedicado parte de mi obra a esa figura que para mí es como un dios. Es como mi dios”.
Existen ciertos artistas que se le “indigesta” el futuro porque olvidan el pasado y purgan la memoria de sus recuerdos vitales. Otros, como el artista plástico pinero Abelardo Hechavarría ―nuestro entrevistado―, atesoran el gozo de decir recordando y condimentan la conversación con parte de los recuerdos imborrables ―como si la memoria fuese también una ecuación plástica, visual― sobre su labor como artista, fundador de instituciones y maestro de los más jóvenes.
A la altura del artista que es Abelardo, al alcance de su mano creadora, de su boca decidora y de su fibra pedagógica, está su amor por la Isla de la Juventud (de Pinos), con su naturaleza diversa, discordante y profusa en aguas y mármoles; también está su arraigada admiración por Martí, quien estuvo en esta tierra maravillosa, y fluye como un ícono mediador de imágenes vivas en su obra.
Oigámosle contar a Abelardo sus satisfacciones, peripecias, vivencias y sueños, en la cuerda vibrante de sus energías y añoranzas por esta tierra de piratas y tesoros.
¿Cómo llegas a ser un artista de la plástica? Comencé como todo el mundo que tiene aptitud para dibujar. Se sabe que todos los niños dibujan hasta cierta edad, luego algunos lo dejan de hacer. Yo me mantuve haciéndolo. En mi caso, mi hermana mayor también dibuja. Creo que ella influyó notablemente en que yo dibujara, a que me iniciara en las artes visuales. Y mi mamá, que era muy curiosa, de alguna manera me apoyó para que me realizara.
En primera instancia, hicieron una prueba de aptitud y de captación en Camagüey. La realizó una escuela de arte que iniciaba su labor en esa provincia.
Colaboración de Anaybi Dorticós y Eduardo Sánchez Montejo




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