En Vivo

Seguimos cantando con Eduardo Sosa

Publicación: 14 Feb, 2026

Categorías: Culturales

En las montañas de Guantánamo se escuchó cantar por última vez a Eduardo Sosa. Cantar él, en persona, frente a frente o rodeado por la gente. Allí dio su último concierto, como parte de la ya célebre Cruzada Teatral que cada año por estos días sube las lomas para llevar arte a los lugares de más difícil acceso.

Los reportes de la televisión de esas jornadas retratan a Sosa feliz, siempre con la guitarra y una gran sonrisa. Unos días después fue la tristeza.

Muchas personas en Guantánamo fueron al hospital donde pasó sus últimos días. Preguntaban por el «nagüito». Se ofrecían para ayudar. Si alguien necesita saber qué es un artista popular, ahí tiene un ejemplo. En Guantánamo, en Cuba toda, la gente quería a Eduardo Sosa. Lo sigue queriendo, a un año de su muerte. Lo sigue escuchando, en esas descargas maravillosas de las que han quedado registro.

Sosa (privilegio de los buenos artistas) sobrevive en su música, en sus canciones.

Estaba muy cerca de las fuentes de la sensibilidad y la cultura popular. Bebió de una tradición trovadoresca asentada durante décadas en su tierra natal, y supo honrarla sin mimetismos, incorporándole su sello personal. Tenía una voz privilegiada, dúctil para la melodía, de una riqueza tímbrica poco común, capaz de transitar del susurro íntimo al éxtasis compartido.

Pero había algo más difícil de nombrar: un saber estar en el escenario y en la vida, un lirismo campechano que no excluía la hondura, una manera de establecer comunión con su público que convertía cada concierto en conversación franca.

Era, además, un hombre de fidelidades y de compromiso marcado. No por consignas huecas, sino por una ética de pertenencia. A su muerte se desempeñaba como vicepresidente de la Uneac, y aquel viaje a las provincias orientales tenía también el propósito de reunirse con los artistas, escuchar inquietudes, tender puentes.

Confiaba en la resiliencia de su pueblo y en el caudal simbólico de la cultura como sostén en tiempos difíciles. Por eso, a un año de su partida física, Sosa nos sigue cantando cada día: en la memoria compartida, en la certeza de que la canción —cuando nace de raíces verdaderas— no se apaga jamás.

Tomado de Cubasi

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