En la falda de la elevación Sierra Las Casas, esa misma que contemplara José Martí durante su corta estancia en la Finca El Abra en 1870, está el campamento de exploradores Amistad con los Pueblos de la Isla de la Juventud.
Nacido como una vital obra educacional, este campamento comenzó a funcionar en 1982. Por él pasaron cientos de niños y adolescentes en acampadas, sirvió también para entrenar a participantes en eventos nacionales del Movimiento de Pioneros Exploradores con decenas de premios en las competencias nacionales. Hoy los premios forman parte de su historia.

Fue el huracán Gustav con sus fuertes vientos quien afectó la estructura del campamento, allí de manera limitada pero con pasión se hicieron actividades propias del centro que requería una reparación a sus instalaciones.
Ante el reto y desafío, varias entidades y miembros de la Mipyme Cielo Azul, se dieron a la misión de concluir con la primera etapa de la recuperación, inversión que lograron coincidiendo con el aniversario 72 de que Fidel y el resto de los Moncadistas recluidos en el mal llamado Presidio Modelo entonaron el himno 26 de Julio al tirano Fulgencio Batista durante una visita al penal.
Confortables aulas, dormitorios y condiciones favorables para la estancia de los educandos fueron los objetos de obra de esta primera etapa. Ello permitirá la atención a 350 pineros, pero cuando se concluya la segunda fase, la cifra se elevará a más de 400 estudiantes.

Áreas históricas para incentivar el amor por los que hicieron por la independencia de la nación y para el fomento recreativo conforman parte de la nueva etapa de este escenario donde niños y adolescentes pueden estar en pleno contacto con la naturaleza.
Cómo símbolo de la solidaridad, a la entrada del campamento de exploradores ondean enseñas de países cuyos hijos estuvieron también vinculados durante su estancia en el territorio pinero como parte del programa nacional de escuelas internacionalistas.

Amor y empeño se resume en la entrega de una obra surgida por la ayuda de entidades, profesores de la enseñanza secundaria, y la familia de los educandos, entre todos se pudo rescatar esta obra distintiva del territorio insular.





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