Febrero llega cargado de efemérides culturales que refuerzan la identidad, esas que nos invitan a mirar quiénes somos, de dónde venimos y cómo nos expresamos como pueblo. Son fechas que recuerdan que la cultura no es un hecho aislado, sino una construcción diaria que vive en la palabra, la memoria y las tradiciones.
El 21 de febrero, Día Internacional de la Lengua Materna, ocupa un lugar especial dentro del calendario cultural. La lengua es el primer territorio de la identidad: en ella se transmiten costumbres, valores, historias y maneras de sentir. Defender el idioma es defender la cultura y garantizar que las nuevas generaciones sigan nombrando el mundo desde sus raíces.
Febrero también nos convoca a pensar en la memoria histórica y cultural, en la importancia de conservar las tradiciones locales, el patrimonio material e inmaterial y el legado artístico que distingue a cada comunidad. En la Isla de la Juventud, la identidad cultural se expresa en la música, la literatura, las artes escénicas y en los proyectos comunitarios que mantienen vivo el espíritu pinero.
Estas efemérides no son solo recordatorios simbólicos; son oportunidades para reafirmar el sentido de pertenencia, estimular la creación artística y fortalecer la cultura como espacio de encuentro. Porque celebrar la identidad es, en definitiva, asegurar que nuestra historia y nuestras expresiones culturales sigan teniendo voz en el presente y en el futuro.




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