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Pepe Pantoja: la carreta que le enseñó a soñar a la Isla

Publicación: 24 Ene, 2026

Hay nombres que en la Isla de la Juventud no se anuncian: se pronuncian con cariño. Nombres que despiertan recuerdos, risas de infancia y tardes convertidas en teatro. Pepe Pantoja es uno de ellos. Decirlo es evocar una carreta avanzando despacio, cargada de títeres, música y sueños; es regresar, aunque sea por un instante, al asombro de ser niño.

José Rodríguez Pantoja, Pepe para todos no llegó al arte buscando protagonismo. El teatro lo fue encontrando en el camino, hasta convertirse en su forma de vivir y de servir. Fundador y director del grupo La Carreta de los Pantojas, ha dedicado más de tres décadas a llevar el teatro allí donde haga falta: plazas, escuelas, comunidades rurales, barrios humildes y escenarios improvisados donde siempre hay un niño esperando creer.

Su llegada nunca pasa desapercibida. El pasacalle anuncia fiesta: colores, disfraces, música y personajes que invitan a seguirlo. Y entonces ocurre la magia. El suelo se convierte en escenario, el cielo en telón, y los títeres con voz sencilla y corazón grande comienzan a hablar de valores, respeto, amistad y esperanza. Enseñan sin imponer, conmueven sin discursos.

La Carreta de los Pantojas no es solo un grupo teatral; es una experiencia compartida. Muchos adultos de hoy fueron los niños que ayer se sentaron en el suelo, con los ojos abiertos y el alma atenta. Quizás no recuerdan cada historia, pero sí recuerdan cómo se sintieron. Porque el verdadero arte no se memoriza: se queda.

Pepe ha sido maestro sin aula, promotor cultural sin estridencias y artista sin vanidad. En tiempos difíciles, cuando escaseaban tantas cosas, su teatro fue abundancia de humanidad. Nunca dejó de llegar, nunca dejó de creer que la imaginación también educa y salva.

Su carreta no arrastra objetos: arrastra memorias. En cada función deja una semilla invisible que germina con los años: sensibilidad, amor por la cultura, respeto por el otro. Por eso su legado no cabe en premios ni en aplausos; vive en la gente, en la Isla misma.

Mientras exista una calle que pueda ser escenario, mientras un niño espere una historia, Pepe Pantoja seguirá andando. Y con él, la certeza de que el teatro, cuando nace del corazón y se entrega al pueblo, puede acompañar a generaciones enteras.

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