Hoy la Patria amanece con un nudo en la garganta. El cielo se vuelve gris y el silencio pesa, porque Cuba llora a 32 de sus hijos, combatientes que no dudaron en cumplir el deber más alto: estar junto a un pueblo hermano cuando la amenaza y la violencia pretendieron imponerse sobre la soberanía.

Cayeron en Venezuela, lejos del suelo natal, pero nunca lejos de Cuba. Allí los alcanzó la muerte mientras defendían principios, no privilegios; mientras sostenían banderas, no intereses.
Cada uno llevaba en el pecho la historia de una Revolución que enseñó que la solidaridad no se proclama, se ejerce, incluso al precio de la vida.

El pueblo pinero, con respeto profundo y sentimiento sincero, rindió tributo, honrando su entrega y su ejemplo. Así lo expresó el Primer Secretario del Comité Municipal del Partido Rafael Ernesto Licea Mojena.

«Los Pineros sabremos estar a la altura del momento histórico que nos ha tocado vivir».
El dolor de hoy no es resignación. Es rabia contenida, es memoria activa, es juramento colectivo. Porque cuando la Patria pierde a hijos así, no se inclina: se yergue. En cada lágrima hay compromiso, en cada homenaje hay continuidad.

Los 32 no son ausencia: son presencia eterna en la dignidad de Cuba y en la lucha de los pueblos que no aceptan ser arrodillados.

Que lo sepa el mundo: Cuba honra a sus caídos con verdad, con decoro y con lealtad. Y mientras exista injusticia, mientras un pueblo hermano necesite apoyo, ellos seguirán marchando con nosotros, en el nombre, en la memoria y en la Revolución.
Isla de la Juventud no solo recordó, sino que ratificó: los caídos viven en la memoria del pueblo, en la unidad y en la decisión irrevocable de seguir defendiendo las causas justas de los pueblos hermanos.




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