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“Frente al bloqueo económico a Cuba, la vida se impone: hemodiálisis en la Isla de la Juventud no se rinde

Publicación: 11 May, 2026

“Llegar a una sala de hemodiálisis en Cuba no es solo entrar a un servicio médico: es entrar a un espacio donde la vida se defiende minuto a minuto. Cada máquina encendida es una victoria, cada sesión es tiempo ganado, es familia, es esperanza.

En la Isla de la Juventud, sostener este servicio implica mucho más que voluntad médica. Bajo las limitaciones impuestas por el bloqueo económico a Cuba, adquirir una máquina de hemodiálisis no es un proceso directo: requiere negociaciones con terceros países, intermediarios, largos tiempos de espera y costos que se multiplican. Un equipo que en el mercado internacional puede superar los 20 mil dólares, para Cuba representa un esfuerzo mucho mayor, tanto financiero como logístico.

Pero el desafío no termina ahí. Cada tratamiento depende de insumos esenciales que no se fabrican en el país: dializadores, líneas de sangre (mangueras), agujas, soluciones, sueros, anticoagulantes… elementos que deben llegar con estabilidad para garantizar la vida. Sin embargo, su adquisición también enfrenta obstáculos: pagos bloqueados, proveedores que se retiran por presiones, rutas comerciales más largas y costosas, y demoras que obligan a optimizar al máximo cada recurso disponible.

En este contexto, mantener en funcionamiento el servicio es un ejercicio constante de organización, creatividad y entrega. Nada se desperdicia, todo se cuida. Cada pieza cuenta. Cada insumo que llega se convierte en alivio para decenas de pacientes que dependen de estas terapias varias veces por semana para seguir viviendo.

Recientemente, el servicio de Nefrología del Hospital General Docente Héroes del Baire fue renovado tras meses de trabajo: una inversión pensada no solo en la tecnología, sino en el confort, la dignidad y la seguridad de los pacientes. Se mejoró la planta de tratamiento de agua —clave para la calidad del proceder—, se habilitó un salón estéril y se transformó el entorno para hacer más llevaderas esas largas horas conectados a una máquina.

Hoy, más de una veintena de pacientes se benefician directamente de este esfuerzo, sostenido en medio de limitaciones que no han detenido la vocación de salvar vidas.

Pero si algo define este servicio no es el costo, ni las dificultades, sino la entrega. Lo sabe bien el doctor José Antonio Chipi Cabrera, uno de los profesionales que ha acompañado durante años a estos pacientes, donde la ciencia y la sensibilidad humana caminan juntas.

Porque aquí, en esta Isla, la hemodiálisis no se detiene. A pesar del bloqueo económico a Cuba, se adapta, resiste y continúa. Detrás de cada máquina hay manos que no descansan, decisiones que priorizan la vida y un sistema de salud que, incluso en medio de enormes desafíos, insiste en no rendirse.

Más que un servicio médico, es una obra diaria de amor

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