Carolina Otero, la “bailarina española”

Los acordes nacieron muchos años después de aquella noche de 1890 en el Teatro Edén Museé de Nueva York. José Martí no imaginó entonces que su inspiración, al verla bailar, inmortalizaría a Carolina Otero.

Ya llega la bailarina:
Soberbia y pálida llega:
¿Cómo dicen que es gallega?
Pues dicen mal: es divina.

Lleva un sombrero torero
Y una capa carmesí:
¡Lo mismo que un alelí
Que se pusiese un sombrero!

Versos para Carolina Otero, ella fue “la bailarina española”, la musa de Martí para un poema que, como diáspora, brotó de aquel palco y trascendió fronteras, idiomas y los límites del tiempo para ser leído y cantado por siempre. No podía ser de otra manera: La expresividad plástica y cinética conque describió la acción del baile nos sitúa junto al autor en aquel espectáculo irrepetible.

El joven asistió gracias a que los empresarios del teatro retiraron la bandera española que colocaban enfrente. Martí nunca hubiera entrado bajo el cobijo del aquel estandarte. Y fue por fortuna.

Y va el convite creciendo
En las llamas de los ojos,
Y el manto de flecos rojos
Se va en el aire meciendo.

Tampoco ella, sobre el tablado, tuvo idea de que un siglo después, se escucharía aún el repique de sus tacones ni que hoy la recordaríamos en la tierra del Más Universal de los Cubanos: Carolina Otero, nació en 1871. Su talento excepcional y su belleza hicieron que conquistara la fama y el afecto de artistas como García Lorca y de monarcas como El Rey de Inglaterra, el Sha de Persia y del Zar de Rusia. No era amiga de Martí, pero él fue esa noche al Teatro Edén Museé de Nueva York y la vio en la cumbre de su esplendor.

“La bella Otero” le llamaban. Cuentan que en 1954, la actriz mexicana María Félix decidió realizar una película sobre la famosa bailarina; y que fue grande el asombro de la actriz cuando durante la búsqueda de información, la encontró viviendo en París. La otrora hermosa bailarina vivía en un asilo de ancianos, donde falleció en 1965, a los 94 años.

Hoy pocas personas recuerdan el nombre de Carolina Otero. Y hubiera quedado olvidada para siempre, de no haberla visto bailar, una sola vez en su vida, nuestro José Martí y regalarle a la eternidad estos versos.

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