Hacer más por la Revolución desde la vigencia martiana

Últimamente, muchos hemos recurrido al pensamiento del Más Universal de los Cubanos, dada la realidad de la Cuba actual.

Lo hacemos porque sobre nuestra cotidianidad pesa un duro bregar, atravesado por dificultades que se multiplican en cada jornada. También emergen conductas que dañan nuestro proyecto social… Y Martí, ya sabemos, es Maestro y Guía.

En 1894, en el periódico Patria, con el título “La Revolución”, preguntó José Martí: « ¿Haremos los cubanos una Revolución por el derecho (…), y negaremos, al día siguiente del triunfo, los derechos por los que hemos batallado?

Con el tiempo Cuba le respondería que no, que las revoluciones no se hacen para echarlas por la borda. Sin embargo, en el presente, (aunque con la Revolución a buen recaudo), estamos ante un escenario complejísimo:

Existe una creciente diferencia de pensamiento y modos de actuar entre la población derivada de la “crudeza” del momento, donde muchas veces las soluciones quedan en “manos de nadie”.  Crudeza de un tiempo en que debiéramos preguntarnos:

– ¿Qué haría Martí ante la virtud de unos y la desvergüenza de otros?

– ¿A quién escogería como amigo y a quién le declararía la guerra?

– ¿Martí se sentiría feliz de nosotros?

– ¿A cuántos tendría que recordarles que “hacer es la mejor manera de decir”?

– ¿Qué haría por Cuba hoy?

Quienes hemos estudiado al Apóstol, tenemos las respuestas: Martí sabría establecer la diferencia ente lo que vale o no vale; sacudiría la conciencia… no haría periodismo “por encargo ni “de alquiler”: denunciaría la ineptitud, la avaricia y la simulación; y cultivaría la inteligencia y la tenacidad.

Martí inscribiría en su ejército a los que dan la cara, escogería bien a sus jefes; y organizaría “la guerra necesaria de estos tiempos”, cuyas armas no son más que un arsenal de “buenas herramientas de trabajo”, y el amor a Cuba libre. Y eso, créanme que existe.

Si bien es cierto que pulula la tendencia al uso del ideario martiano “a conveniencia”, este “no  aplica” para todo. Martí es la luz de nosotros, los “sin nada” de hoy, que no perdemos la esperanza. Respondámonos siempre ¿qué haría él? y actuemos, no llamémonos “martianos” por gusto.

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