Un mensaje más por el medio ambiente

 “(…) ¿Quién nos enseñó el engaño?, ¿quién nos sometió al rebaño?, / ¿dónde quedarán los sueños?, ¿dónde jugarán los niños?

Sí. Esta se trata de una reflexión que ha iniciado con el preludio de una canción de Maná. Lo hacemos intencionalmente, porque se trata, digamos, de un lamento ecológico que, por la manera en que “pegó” esta banda mexicana rock entre los cubanos, hoy puede que a usted lo sensibilice más una melodía suya que un inteligente mensaje de nuestra Acualina.

Y es que urge buscar recursos cuando se trata de captar la atención de la gente con respecto al cuidado del entorno. Ya se sabe que el hombre ha sido capaz de alterar el equilibrio de ecosistemas vitales y ha puesto en peligro su propia existencia; pero parece asunto ajeno: nadie se siente amenazado.

Estamos en la Isla de la Juventud, donde apenas llegan señales de la deforestación, de los ríos de aceite que vomita el mar y la contaminación del aire por los desmanes de la vida moderna. Pero créame que, en la medida en que llevamos nuestra modesta cotidianidad, afectamos el medio ambiente.

Lo digo por mucho, pero solo mencionaré los vertederos de basura, cuyos deshechos el viento esparce por doquier en Nueva Gerona, saturan el ambiente, y en ocasiones obstruyen el paso y el corretear de los niños en áreas de juego en los barrios.

Por las consabidas “limitaciones de recursos”, los encargados de higienizar estos sitios demoran el tiempo suficiente para que proliferen vectores y entes nocivos, fundamentalmente para la salud. ¡Y a nadie parece importarle, señores!

¿Para qué están los ampirroles?, pregunto una y otra vez más. Es cierto que a veces están llenos, pero no siempre este el motivo por el que las personas tiran fuera de estos depósitos los desperdicios domésticos. La mayoría de las veces es por comodidad y prisa.  

A esto se añade una falta de conciencia que a mi entender se debe a que solo se piensa en el hoy; y en el mañana que piensen otros. Pero sucede, amigo, que esos otros podemos ser nosotros mismos, nuestros familiares y amigos; pueden ser nuestros hijos, esos a quienes no debemos dejar a la vera de nuestros cuidados y responsabilidad; y ese mañana puede ser, literalmente, “mañana mismo”.

A las entidades encargadas y a cada uno de nosotros, un mensaje más: ¡Urge despertar!

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