Julio Antonio Mella, símbolo de la juventud cubana

En Cuba la historia le sale al paso al caminante. Y hoy, el viajero se encuentra frente al monumento. En la escultura están escritos los signos de una vida fértil y breve: “Luchar por la revolución social en américa no es una utopía de locos o fanáticos (…)”  /Julio Antonio Mella, 1903 – 1929.

Veinticinco años tenía el líder estudiantil la noche en que fue asesinado por sicarios de la dictadura de Gerardo Machado. A México, en el exilio, fueron a ultimarlo. Mella caminaba junto a su amada por la esquina de Abraham González a Morelos, y dos tiros de revólver calibre 38​ lo derribaron.

En Cuba no puede hablarse de juventud valiosa sin mencionar a Mella. En 1921 ingresó en la Universidad de La Habana, en la que matriculó Derecho, Filosofía y Letras. Allí defendió la renovación universitaria y la modernización de la sociedad, es pos de ampliar la democracia y la participación de los estudiantes en la vida nacional.

Después fundó también la Universidad Popular José Martí y logró estrechar alianzas entre los obreros, los estudiantes y la intelectualidad cubana. Fundó en 1925, junto al luchador independentista Carlos Baliño, el primer Partido Comunista de Cuba.

Era demasiado arrojo ante un gobierno corrupto y entreguista que desató una ola de crímenes para apagar cualquier indicio de reclamos por justicia social y de soberanía patria. Por eso Julio Antonio Mella se vio obligado a exiliarse en México.

Los días del revolucionario estaban tristemente contados. La esquina de Abraham González a Morelos, Tina Modotti y la noche del 10 de enero de 1929 fueron testigos: “Muero por la revolución”, dijo en la flor de su último aliento.

Hoy, Mella trasciende el tiempo y los monumentos. Es símbolo y ejemplo. Por muchas razones, su pensamiento y obra se repiten en las nuevas generaciones de cubanos.

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