De Moscú a La Habana: ¿qué huellas soviéticas aún permanecen en Cuba?

Desde el establecimiento de las relaciones diplomático-culturales con la URSS el 8 de mayo de 1960, Cuba recibió una mayor influencia soviética, cuyas huellas permanecen pese a la caída del Campo Socialista a comienzos de la década de 1990. Sputnik habló con rusos y cubanos que dan cuenta del influjo y la fraternidad entre las naciones.

La distancia de más de 9.500 kilómetros que separa a Moscú de La Habana se acorta hoy con el incremento de la amistad con Rusia, patente en episodios recientes como la visita del presidente Miguel Díaz-Canel y la inauguración de la estatua de Fidel Castro en el país euroasiático.

Hoy permanecen en Cuba alrededor de 3.000 hombres y mujeres oriundos de las 15 ex repúblicas socialistas, quienes llegaron a la isla por su labor como asesores, supervisores de los proyectos conjuntos en fábricas o áreas de la ciencia y la técnica o tras contraer matrimonio con un hijo o hija de la tierra antillana.

La impronta soviética fue perceptible durante décadas en la difusión de las traducciones al español de los clásicos rusos; la divulgación de las reconocidas revistas Sputnik,Misha y Novedades de Moscú; la enseñanza de la música clásica, el teatro y la actuación, y hasta en la creación de la Escuela de Circo de Cuba.

A ello se suma la difusión del cine soviético con amplia aceptación del público, y la huella imborrable de películas como Moscú no cree en lágrimas y El acorazado Potemkin. Asimismo, la gran cantidad de autos que aún ruedan sobre las calles de la isla de marcas como Moskvich, Volga, Lada, así como las motos Ural y los camiones Kamaz.

Diáspora rusa

Olga Inerariti arribó a La Habana el 28 de diciembre de 1982 procedente de Moscú. Como a casi todo el mundo, la enamoró el clima, la gente, la música, el cariño y trato especial de los cubanos: “Son muy cariñosos, hospitalarios, atentos y siempre te brindan café”.

Inerariti trabajó en la isla como profesora del idioma ruso y traductora. Tras la desintegración del Campo Socialista, pasó al sector turístico como encargada de la recreación, animación y la interpretación de temas en ambas lenguas, hasta comienzos del presente siglo.

Con la llegada de Vladímir Putin al Kremlin en el año 2000, “aumentó la ayuda a los connacionales residentes en el exterior y organizamos un coro musical femenino, del cual fui directora durante siete años, con un repertorio de folclore ruso y canciones en español y una activa participación en festivales y concursos”.

Consagrada al aprendizaje de la música cubana, Inerariti prepara hoy a jóvenes talentos que intervienen en prestigiosos certámenes de países como Bielorrusia.

Cuba y Rusia son dos territorios muy diferentes, en cuanto a cultura y prácticas. Llegué aquí sin conocer una sola palabra en español y lo que más me ayudó fue cantar y escuchar música, sobre todo de Elena Bourque y Benny Moré, cuyas canciones incluí en mi repertorio; así como, conversar con la gente, escuchar y leer”, indicó Inerariti.

Rusística en Cuba

La traductora de lengua rusa Nuri Díaz Hernández es una de las fundadoras de la denominada rusística —conjunto de ciencias sobre el idioma, la literatura, la cultura y la historia rusa— en Cuba. Esto ocurrió a comienzos de 1962, a partir del plan de becas otorgado por el líder de la Revolución, Fidel Castro, a los trabajadores de la enseñanza y miembros de la brigada Conrado Benítez.

Castro demandaba 2.300 graduados de octavo grado para ingresar como becados y formarse como profesores de idioma ruso en el instituto Héroes de Girón. Otros 200 graduados de la secundaria básica asumirían, en condición de internos en la escuela de idiomas, otras funciones: intérpretes o traductores en los organismos estatales.

“Cuando le preguntamos a Fidel qué más teníamos que hacer, él nos dijo que estudiar y ahí nos ofreció un amplio abanico de oportunidades […] En mi caso decidí estudiar la lengua rusa porque era desconocida para mí. Pedí esa beca por curiosidad, quería descubrir más de la idiosincrasia de ese territorio”, explicó Díaz Hernández, integrante del Grupo de Especialistas de Lengua Rusa (GELRU) y promotora de la cultura de la nación euroasiática.

“Éramos alrededor de 2.000 y llevamos eso en nuestro corazón, porque abrimos el puente cultural entre Cuba y la entonces URSS. Recibimos, incluso, al primer destacamento de profesores soviéticos que llegó a la isla para enseñarnos su historia y costumbres. Algunos se formaron como doctores, ingenieros y otras ocupaciones, pero siempre con el idioma ruso como herramienta”, indicó.

Los rusistas, profesores y estudiantes de la lengua que conforman el GELRU, surgido en 2014, conmemoran cada 9 de mayo el Día de la Victoria de la URSS sobre la Alemania nazi en la Gran Guerra Patria. Y cada 6 de junio celebran el Día de la Lengua Rusa, designado por Naciones Unidas en homenaje al escritor Alexandr Pushkin.

Cautivado por el rol protagónico de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Carlos Luis Iturralde Iglesias se decidió a estudiar Lengua y Literatura Rusas en la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana.

“Al principio me costó trabajo adaptarme a la idea de estudiar esa carrera, muchos me preguntaban por qué la había seleccionado y yo simplemente les decía que me gustaba. Poco a poco, me enamoré del idioma, historia, cultura y literatura de esa nación y las asignaturas de traducción e interpretación”, expresó a Sputnik.

En su formación fueron importantes los encuentros y entrevistas con estudiantes y académicos de ese país, las experiencias de las profesoras rusas residentes en Cuba y las actividades auspiciadas por la Embajada de Rusia en La Habana y el Instituto Pushkin de Moscú. Asimismo, filmes, series y la lectura de volúmenes, clásicos y contemporáneos.

“Antes de mi ingreso a la universidad, mis referencias eran solo los dibujos animados procedentes de las repúblicas soviéticas, autores como Antón Chéjov, León Tolstói y Fiódor Dostoievski; los ballets y la filmografía”, aseguró.

Estudiantes en la antigua URSS

Tras concluir en 1977 su último año en el preuniversitario, Ángela María Pascual Guerra decidió estudiar Ingeniería Metalúrgica en la antigua Unión Soviética.

“La preparación fue en Santiago de Cuba. Dábamos, además del idioma ruso, física, química y matemática. En 1978, viajamos hacia la URSS en el barco Leonid Sobinov que trajo a 300 asistentes al Festival Internacional de la Juventud y los Estudiantes. La travesía duró alrededor de 13 días y desembarcamos en Leningrado, hoy San Petersburgo, el 14 de agosto”, refirió Pascual Guerra a Sputnik.

“Lidiar con el clima no fue problema, teníamos buenos abrigos y excelente alimentación. Rápidamente, me adapté a sus tradiciones culinarias, entre ellas, el tocino con pan negro y los caldos. Aprendimos a cómo administrar nuestras finanzas”, relató. Se graduó como ingeniera en 1983 con 26 años de edad.

Pascual Guerra dijo haber incorporado mucho de la cultura soviética: “Su disciplina, cumplimiento de los horarios, puntualidad, opinar con respeto y en el momento oportuno”.

De acuerdo con datos oficiales, entre 100.000 y 300.000 cubanos recibieron becas universitarias y cursos de capacitación profesional en la extinta Unión Soviética, en sectores como el militar, la geología, minería, planificación, historia, ciencias sociales y filosofía.

Tomado de Sputnik

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