Palabras a finales de 2022

Hay ambiente de fin de año. En los barrios rompe el silencio cada cual con su música. En las calles las personas buscan provisiones para celebrar lo más cercanas posible a la altura de la ocasión. Y, a pesar de lo tanto que la realidad nos ha cambiado, muchos no hemos perdido la costumbre de rememorar los doce meses que quedan atrás y de plantearnos metas futuras; nos imaginamos el mañana y lo diseñamos con la idea fija en que todo sea mejor.

Qué bien por nosotros, por estar entre la mayoría de los cubanos que insisten en creer y en ser optimistas. Pero, ¿Y los que no?

El cuestionamiento es válido porque no faltan quienes han perdido la fe, y restan, literalmente, por donde quiera que se mire.

Hoy, cuando Cuba padece las consecuencias de su inclusión en la lista de estados patrocinadores del terrorismo y nos atenaza un bloqueo de más de seis décadas, sumados a ello los errores y horrores internos, es comprensible. Tanto, que muchos aprueban la emigración de hijos, hermanos, padres y amigos; aun con plena conciencia de su alcance y de que el pase de factura está al doblar de la esquina.

Este es un tema con múltiples las aristas, imposibles de tratar en breves líneas, pero no se puede dejar de decir que podemos hacer mucho para que la gente mantenga la esperanza.

Digo, con toda responsabilidad, errores y horrores internos. ¿Qué son si no, el maltrato al cliente, la falta de información a tiempo, la ausencia de explicación ante situaciones que la requieren; la falta de empatía, esa cualidad afectiva que pone las personas en la realidad del otro? ¿Dónde están, si no entre nosotros mismos, los responsables de cambiar tal estado de cosas?

Pudiera sugerir reflexiones como estas a propósito del año nuevo. Pensar en el futuro, imaginar la “familia completa”, de nuestro lado y echando el resto por Cuba, el único país que podemos decir: es nuestro.   

Fin de año ayuda a buscar acuerdos con el mundo y evitar las salpicaduras de odios y crisis. Mirémonos bien. Vayamos del corazón a los asuntos y pensemos en que urge sacar lo mejor, y no lo peor de la gente.

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