La bailarina cubana Aurora Bosch celebra su 80 años con la “fuerza de un diamante”

Aurora Bosch, definida como una de ‘las cuatro joyas del ballet cubano’, Premio Nacional de la Danza y Premio Anna Pávlova, recuerda a Sputnik sus pasos iniciales de la mano de los padres fundadores de esa disciplina en la isla: Alicia y Fernando Alonso.

Aurora ha consagrado a la danza la mayor parte de su existencia desde que en 1951 ganó una de las 30 becas para escuelas públicas y pobres de la Academia de Ballet Alicia Alonso, un acontecimiento “casi casual” para una niña tímida que desconocía el arte y solo mostraba sus dotes entre sábanas y pedazos de tela, en soledad y frente al espejo.

“En aquella época escuchaba mucho la música cubana, a mi madre y abuela les encantaba bailar y un tío siempre quiso que fuera su partenaire. También comenzaban las transmisiones de televisión y poco a poco llené mi vida. Era muy miedosa, a diferencia de mi hermana, pero cuando obtuve la beca se abrió otro mundo para mí”, confesó.

Las primeras funciones de Bosch, nacida el 10 de diciembre de 1942, fueron con la escuela. En 1954 bailó por primera vez con la compañía, hoy denominada Ballet Nacional de Cuba (BNC), cuando la profesora y coreógrafa inglesa Mary Skeaping montó y estrenó en La Habana su versión de El lago de los cisnes.

“Mi familia nunca pudo pagar clases de ballet o de música, con anterioridad a mi entrada en la academia. Mi madre cosía y me hizo el trajecito, pero no podía comprarme las zapatillas. Entonces, la profesora Magda González, miembro del conjunto en ese momento, me recibió en el salón y me formó con las demás niñas”, puntualizó.

Bailarina profesional

Aurora tuvo su debut profesional en el Teatro Sauto de Matanzas, el 15 de noviembre de 1956, como parte de Las Sílfides, cuerpo de ballet fundado por Fernando Alonso, la primera bailarina Alicia Alonso y el coreógrafo Alberto Alonso.

A comienzos de la década de 1950, tanto el ballet como la escuela recibían un escaso apoyo económico del Gobierno, lo cual se agudizó tras el golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952, quien tres años después, en un intento por limpiar su imagen, convocó a la más relevante intelectualidad cubana de la etapa.

Los Alonso declinaron su participación y, como consecuencia, recibieron la notificación del retiro de la subvención. Durante el periplo internacional que siguió a esos acontecimientos, Aurora Bosch recibió la invitación de Alonso para participar en el montaje del ballet Giselle, en Estados Unidos, y de Coppelia en 1958 y 1959.

Los maestros Fernando y Alicia Alonso

Bosch recuerda sus clases de ballet en un pequeño espacio de la barriada capitalina del Vedado, impartidas por Fernando y Alicia Alonso, acompañados también de bailarines extranjeros. A los 15 años, ella también debió asumir esa responsabilidad, aunque “no existía una proposición formal”.

“Fui adentrándome en algo que ha sido mi vida. El maestro Fernando nos enseñaba ballet y música; su madre era una gran pianista y él nos mostraba lo más exquisito de la música clásica. Mi oído se fue cultivando y, cuando imparto clases en escuelas foráneas, algunas veces me agarro de la barra, marco los pasos y tarareo las melodías”, refirió.

El profesor les daba, además, clases de maquillaje y hablaba del cuerpo humano, “sentía mucho respeto por el conocimiento sobre ese tema” y, poco a poco, la confluencia entre práctica y teoría, la cautivó.

“Había mucho rigor, teníamos que hacerlo todo técnicamente muy bien, pero debíamos añadirle el sentimiento y la manera propia de expresar sensaciones mediante el lenguaje de la danza”, aseguró.

Aurora, la joya del ballet

Aurora ganó su primera medalla de plata en 1965 en el Concurso Internacional de Varna, en Bulgaria y al año siguiente obtuvo la de oro.

La bailarina cubana Aurora Bosch  - Sputnik Mundo, 1920, 16.12.2022

La bailarina cubana Aurora Bosch

© Sputnik / Danay Galletti

Por esa época, el reconocido crítico de danza británico Arnold Lionel Haskell, de gran influencia en el desarrollo del Royal Ballet School y miembro del jurado de Varna, arribó a La Habana con el propósito de apreciar el desempeño del BNC, seducido por lo que calificó como “milagro cubano” y que luego resultaría en la Escuela Cubana de Ballet.

En 1967, Haskell publicó en el diario Granma un artículo titulado “Las joyas cubanas” en referencia a las bailarinas Mirta Plá, Loipa Araújo, Josefina Méndez y Aurora Bosch. Sobre Aurora, el crítico inglés escribió que poseía una técnica “brillante y reluciente, fuerte como el diamante”.

Para Aurora, subir a un escenario “era una dulzura, lo ansiaba y esperaba, pese a los momentos difíciles, trabajábamos muchísimo y en nuestro tiempo libre, nos concentrábamos en el perfeccionamiento de la técnica”.

El mensaje de Bosch, quien además es doctora en Ciencias del Arte por la Universidad de las Artes, para las nuevas generaciones es “el amor por su profesión, la sensibilidad; la admiración de la cultura, en sus más diversas expresiones; y que no descansen, hay que moldear el cuerpo y cuidarse para no tener lesiones”.

Aurora obtuvo varios premios y reconocimientos internacionales y junto al BNC recorrió numerosos escenarios del mundo. Fue directora de la Escuela Provincial de Ballet Alejo Carpentier, en La Habana, y presidenta de Artes Escénicas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), entre otros.

Tomado de Sputnik

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