Jungla de Jones, una historia de amor

A unos 17 kilómetros de Nueva Gerona, la floresta señorea, se ensortija y arraiga como en un Oasis al descuido. Allí quedó la huella de la pasión de un hombre por la naturaleza y del amor que lo uniera a su esposa. 

Huellas: Jungla de Jones

Su origen se remonta al 1902, cuando el Señor Harry Sanford Jones y su esposa Helen Rodman se asentaron en la zona con el objetivo de introducir especies exóticas de árboles traídas de todo el mundo por vía marítima y aérea.

Con verdadero empeño y espíritu investigativo los Jones aunaron sus vidas y esfuerzos en hacer realidad el hermoso proyecto, para lo cual contaron con la colaboración del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos.

Biólogo él, y Naturalista ella… crearon uno de los parajes botánicos más extraordinarios de la Isla, tocado por el sobrevuelo de zorzales, cotorras y zunzunes, los más abundantes entre una veintena de especies de aves.

Una gran variedad de plantas poblaron el lugar. Entre las más notables, 20 variedades de mangos, 10 de caña brava, cocoteros, ocujes, aguacates; guayabas, caimito, níspero, marañón, jagüey, té de China, café de Brasil, cacao de la India, mate de Los Andes, algarrobo, y yagrumas que terminaron en leyenda.

Jungla de Jones le llamaron a aquel jardín perfumado y tranquilo, que visitaban aquellos que iban a recibir tratamiento en las aguas termales terapéuticas de Santa Fe.  

Helen enviudó en 1938 y tocada por el misticismo tuvo como incondicional compañía un majá de Santamaría, que le agregó fama al paraje. Después murió la anciana. Era 1960, fecha en que declinaron los encantos del bosque, hasta finales de la década de los noventa del pasado siglo, tiempos en que comenzó a renacer…

Allí habita la leyenda del Viejo Árbol del Amor, el cual entrelaza sus ramas en un abrazo. Se dice que es una historia de amor que la jungla sigue contando: dicen que es el abrazo de los Jones que no abandonan este sitio de belleza hechizante.

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