Historia entre dos montañas

La Isla de la Juventud celebrará en pocos días un nuevo aniversario de la fundación de su ciudad capital. Hoy, sus hombres y mujeres no somos los mismos, y han cambiado sus paisajes; pero entre este entorno y su gente laten unidos pasado y presente; palpita la memoria histórica para volver los pasos a la savia que nos trajo hasta aquí.

Huellas, Museo Finca El Abra

En Sierra Las Casas, a un kilómetro y medio de Nueva Gerona, otrora capital de la entonces Colonia Reina Amalia, el catalán José María Sardá compró una finca de doce caballerías de tierra por un precio de 24 mil escudos de plata. La nombró El Abra, aludiendo a la ubicación entre dos montañas.

Fue en octubre de 1868, y un año más tarde se trasladó con su familia a ese paraje. Allí Sardá creó un sistema de alcantarillas y acueductos que mediante la fuerza de gravedad hacía bajar el agua del manantial. Sembradíos de maíz, algodón, algo de tabaco y café, distinguían en lugar, aunque el mejor negocio eran las ricas canteras de mármol rosado, un horno de cal y una fábrica de almidón, de ladrillos y tejas.

Se dice que uno de los motivos por los que el catalán adquirió la finca fue cuidar la salud de su hijo que era asmático y este clima le sentaría; un aire y un verdor que, después curaría a otros hijos…

Unos 10 años después, Sardá, trajo a sus predios a José Martí proveniente de las Canteras de San Lázaro. El joven llegó con todas las heridas del presidio político, pero los cuidados amorosos Trinidad Valdés, esposa del benefactor, lo ayudan a sanar… Allí permaneció por 65 días quien se convertiría en el Más Universal de Todos Los Cubanos.

Deportado en España, mediante una dedicatoria enviada a Trinidad,  reveló toda su gratitud: “Trina, solo siento haberla conocido a usted por la tristeza de tener que separarme tan pronto”.

Y en El Abra dejó Martí sus huellas; y en Rosa, Juan, Catalina, José Regino, y Domingo, los cinco niños que le vieron. Quedó en el recuerdo de Sardá y Trina, en los descendientes de aquellos protagonistas que preservaron el bello paraje, y hasta hoy y para siempre en la memoria de los pineros.

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