En Guillermo siempre una sonrisa esperanzadora

“En la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales, (ANCI) encontré una familia, aquí aprendí a tocar el güiro y la guitarra”

Bastón y espejuelos oscuros. Una sonrisa extendida. A sus 62 años, Guillermo Matelí Salomón le sonríe a la vida. Demuestra que “continuar” es encontrar oportunidades cuando las manos son las que leen, las que tocan, o el oído y olfato sus sentidos más avisados.

“Fui boxeador desde los 13 años y me licencié en Cultura Física, por situaciones relacionadas con este deporte tuve que dejarlo.  Trabajé también en la embarcación Isla de la Juventud, en los remolcadores hasta que en el 2015 perdí la visión completamente”.

Aunque no trabaja, Guillermo encontró en la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales, la oportunidad de aprender y convertirse en músico. Hoy integra un círculo de interés que lleva a escuelas pineras el respeto a niños que son débiles visuales o son ciegos como él. 

Historias como estas ratifican de nuestra Cuba actual, que la discapacidad visual no es vista como un freno al conocimiento ni al acceso a ninguno de los derechos inherentes a cada ciudadano; y que Guillermo o los más de 300 integrantes que tiene la ANCI en Isla de la Juventud, encuentran en la Convención Internacional de Derechos de las Personas con Discapacidad, de la cual forma parte la nación antillana, la defensa de que puedan ejercer sus derechos, que se respeten sus voluntades y preferencias, y no se coarte su posibilidad de actuación en cualquier tipo de acto jurídico.

Cuba país asediado por el imperio desde hace más de 60 años que limita las bondades materiales a este pueblo, es un país que se crece para brindar equiparación de oportunidades a todos por igual, porque los derechos humanos no solo son nacer, crecer, es mucho más, es educar el alma desde la espiritualidad y los mejores valores. Aquellos que nacen de revoluciones sinceras y donde conquistar derechos son razones perennes desde esta nación.

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