Alegría de Pío: la primera prueba, el bautismo de fuego

Tres días después de la extenuante travesía desde México hacia Cuba para reiniciar la lucha revolucionaria, los 82 expedicionarios del Granma tuvieron su primer enfrentamiento militar con el ejército batistiano: el combate de Alegría de Pío.  

La columna expedicionaria acampaba al borde sur de los cañaverales aquel 5 de diciembre de hace 66 años. Aquel no era el lugar idóneo para acampar, pues la vegetación no era lo suficientemente densa como para ocultar por completo la presencia de los jóvenes. Además, desde la posición que ocupaban, el terreno tenía una ligera elevación que no permitía ver un avance del enemigo, el cual había sido informado de la presencia en el lugar de los expedicionarios.

El vuelo de los primeros aviones interrumpió el descanso. El ametrallamiento aéreo se volvió impetuoso, se mantuvo constante sobre el grupo aún inexperto de hombres, que conocían poco sobre la magnitud de un conflicto armado. En desigual combate, los revolucionarios perdieron el contacto con el mando y quedaron completamente dispersos.

El jefe de la tropa enemiga espera una posible rendición de los expedicionarios: y entonces fue cuando se escuchó la voz de Almeida: “Aquí no se rinde nadie (…)”. Varios fueron los heridos, y tres perdieron la vida.  

Para los combatientes que se retiraron del campo de batalla, la jornada concluyó con el sabor de la derrota; pero fue la primera prueba, el bautismo de fuego del movimiento revolucionario que comenzaba a gestarse y que triunfaría luego de apenas dos años, el 1 de enero de 1959.

Compartir en:

Deja un comentario