La educación, eterno legado de Fidel

“Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente hasta el día en que vive: es ponerlo al nivel de su tiempo: es prepararlo para la vida”. /Fidel Castro Ruz

                                                                       

Visionario y dispuesto, Fidel siempre encauzó en Cuba las más nobles obras de amor. Así hizo con la educación, la que creyó imprescindible desde antes del triunfo revolucionario. En 1958, entre las personas adultas en Cuba existían más de dos millones analfabetos y semianalfabetos, además de 600 mil niños sin escolarizar.

Por entonces, bajo su guía, en medio del quehacer guerrillero se realizaron tareas de alfabetización en las poblaciones de la Sierra Maestra, Sierra Cristal y El Escambray.

Hombres en campaña y de verde olivo enseñando a leer a los campesinos. No en balde un pueblo se sumó a la Revolución y a ese oleaje vertiginoso que le cambiaría la vida: Pronto Cuba se convirtió en el primer país de América libre de analfabetismo. La nación se llenó de escuelas, y enseguida entre la gente se acortaron las distancias, se multiplicaron las cosechas y se combatieron las enfermedades.

Un mundo mejor se abrió, luego de aquel salto hacia lo posible.

Hoy, la educación prestigia la hoja de vida de este verde corazón del Caribe. Ya se sabe que el bloqueo lastra, oprime y estropea en busca de desviar la ruta trazada por el Comandante. Pero también ya se sabe que Fidel es el “Eterno Comandante Invicto”, y por eso sigue siendo precisa esta siembra de saberes, de escuelas y maestros.

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