Fidel: Leer, patrimonio compartido de un pueblo

Eran los años posteriores a 1959. Fidel daba a conocer una declaración de principios de la Revolución triunfante: “No le decimos al pueblo cree, le decimos lee”. Era aquella la expresión de una vocación cultural, el convencimiento de que una transformación radical de la sociedad tenía que otorgarle a la literatura un rol sustantivo: Cultura para todos, cultura como patrimonio compartido de un pueblo.

Lector incansable, hombre curioso y sensible, Fidel fue artífice de la mayor gesta cultural del siglo 20 cubano: la Campaña de Alfabetización, cientos de miles de personas aprendieron sus primeras letras en una movilización nunca antes imaginada, una batalla victoriosa contra los molinos de viento. De este modo los libros dejaron de ser privilegio de unos pocos y se abrió la era de las imprentas y editoriales.

Emblemático resulta que el primer texto publicado por la Revolución, en una tirada verdaderamente popular, fue “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes. La novela mayor de la lengua. Un monumento literario de la humanidad. Más allá de la trascendencia práctica del hecho hay una dimensión simbólica: Fidel y su constante apuesta por la utopía, una voluntad de convertir quimeras en hechos; Fidel y su búsqueda constante de conocimientos.

Después, él habló de lo útil que le fue leer los diarios de Máximo Gómez, el epistolario de Maceo, las crónicas de Miró Argenter y toda la obra martiana; así como los que leyó en Presidio Modelo, entre ellos “Crimen y Castigo”, de Dostoievski; “La Ilíada”, de Homero; y “El capital”, de Marx…  

Cuentan que en una oportunidad al preguntársele acerca de qué estaba leyendo, Fidel respondió: “De todo he leído, se me acaban los libros y entonces salgo a buscar”.

Hoy, a pocas horas del sexto aniversario de su partida, nadie piensa que se ha quedado en su gabinete de cedro vislumbrando mundos, sino que cada día sale a conquistarlos.

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