Cuando se trata de vender, revender, especular y abusar para vivir de los demás

Mucho esfuerzo hace el gobierno en la Isla de la Juventud para aplacar un tanto, ese enorme dilema que parece no tener fin, el de controlar los precios, y que estos estén basados en las posibilidades de compra de la mayoría de la población.

Parece un tanto extraña esta afirmación cuando en boca de muchos solo escuchas que el salario no alcanza ni para la mitad. Pero es una realidad que concentrar en puntos adecuados a todos los que emprenden el negocio de venta de productos provenientes del campo o de otras modalidades, es una facilidad para eliminar el tan común pregón  paradójico: “Se acabó el abuzo”.

Pero ojo con todo esto, que muchas modalidades han sido desvirtuadas sobre por qué y para qué surgieron.

Han germinado ideas para solucionar ciertos problemas surgidos quizás desde la llegada de la pandemia y más con el incremento del ya sentenciado mundialmente bloqueo económico y financiero de los Estados Unidos a Cuba, es así que brotaron las Ventas de Garaje, las que al entender de muchos constituye una manera más de camuflaje ideal para el comercio de cualquier producto relacionado con el vestir, la verdad es que hasta las modistas se están tomando un largo receso, ahora muchas y es la realidad, se dedican a vender textiles enviados desde Panamá u otros países al triple del precio original.

¿Y que se dice de las famosas cafeterías, o de los antiguos puestos de viandas,  ahora inutilizados en muchos lugares?

Simplemente, la pequeña cafetería revende las escasas confituras comercializadas en MLC, y el antiguo puesto de viandas, en lugar de guayaba y malanga, oferta sazones Goya y café,  de no se sabe dónde. Ninguno produce y todos obtienen ganancias al fomentar el llamado mercado de oferta y demanda, con los precios esos que dan un hipo infernal.

Comentar sobre el tema de los revendedores, o de los puntos de ventas asociados a nuevas modalidades del trabajo por cuenta propia trae numerosos encontronazos, pero lo que sí es cierto es que escuchar la opinión popular constituye el mejor ejercicio para percibir que las acciones que mitigan el alza de los precios y favorecen al consumidor,  a veces la población que sufre de estas barbaridades las comenta en cada esquina de cada cuadra.

Resulta que las famosas “Cuevitas” esas que existen en tantas provincias parecen un alivio para encontrar lo “barato”, no es por criticar las modalidades para concentrar este ejercicio de compra venta, pero en estas grutas, señores se ve de todo lo que nadie sabe de dónde salió y como se adquirió por quien lo oferta, solo que a un precio quizás un tanto menor, bueno allí se sabe que se vende hasta al por mayor.

Muchos se preguntan, ¿Dónde están los inspectores?, me consta que la Dirección Integral de Supervisión (DIS) en la Isla de la Juventud, trata de supervisar y controlar cuantos puntos de venta existen en el territorio, ellos no son miles, son un grupo mayoritariamente de mujeres que son severas y fieles a sus funciones, con ellos periodistas, otros funcionarios y agentes del orden público recorren disímiles lugares de cada poblado pinero y me consta también que aplican un elevado número de sanciones por violaciones de los precios; pero reitero es un grupo que no da a vasto para todo este engranaje.

El acaparamiento, la especulación y la reventa son producto del provecho de los revendedores que se benefician de las carencias y necesidades para imponer sus elevados precios,  y a esto se le debe enfrentar cuantos afectados existan, o sea casi toda la población.

Cualquier economía en un país tiene sus leyes de aplicación, violarlas debe costarle bien caro al que lo haga. Nuestra nación lucha por emerger de la profunda crisis mundial en este sentido, pero para nosotros es doblemente el sacrificio, tuvimos pandemia, efectos perennes de bloqueo, si bloqueo ese que muchos creen que no es tan, pero es quien nos clava una daga en el mismo corazón de nuestra economía, por tanto cualquier fórmula que se aplique se debe pensar bien, debe ser para buena solución a cualquiera de nuestros problemas y nunca para generar ganancias al vago y a quien quiera vivir de los demás.

Llegar a una Cuba productora e innovadora es posible por nuestro trabajo honrado, para ello se debe confiar en los cambios necesarios, en la validez de las leyes cubanas y en los agentes encargados de hacerlas cumplir.

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