Una llave para romper el cerco

A más de 60 años de su puesta en vigor, el Bloqueo de Estados Unidos contra Cuba sigue ahí. Sigue aquí, sobre esta pequeña isla. El águila nos sobrevuela y se embucha con nuestro aire.

Hace pocas horas, la voz-denuncia de Cuba se alzó por trigésima ocasión en la Asamblea General de Naciones Unidas, y 185 países del orbe la respaldaron. Una vez más, allí, donde se oficia a favor de la democracia y los derechos humanos, solo la potencia yanqui y unos pocos acólitos expresaron interés o abstencionismo ante un reclamo que va mucho más allá de lo justo.

¿Y después, qué pasará?, se preguntan algunos, porque es inadmisible que se ignore una vez más esta demostración pública de rechazo al genocidio más largo de la historia. Pero el imperialismo tiene las prerrogativas para desconocerla y continuar con el hostigamiento para presionar el cambio de sistema político en la isla, y así ayudar al pueblo cubano.

Apoyar al pueblo al propiciarle penurias, para la gente odie y opte por la vida, a riesgo de perderla. Una manera muy pérfida de vencer a un enemigo que no es tal, sino que se le encara.

Ya corren los días posteriores a última condena mundial al bloqueo. Y se sabe que Estados Unidos mantendrá su política hacia la nación antillana, a la que no por gusto un presidente amigo llamó “La Numancia de América”, por su capacidad de resistencia.  

Cuba ha soportado la rabia de los corsarios, la ambición de los conquistadores, los embates de la naturaleza, el diezmo de enfermedades y esta tirria imperial que habrá derrumbar de alguna forma: De momento, existe el convencimiento de que una llave del mundo hace girar y crujir el cerco.  

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