Lugar 10: inadmisible para un equipo Cuba de béisbol

Quisiera ser categórico en mi planteamiento: sea de la categoría que sea, ocupar el décimo lugar entre 12 equipos participantes en un evento internacional no puede ser catalogado de otra manera que inadmisible para un equipo cubano de béisbol.

Lastimosamente, esa posición que jamás había sido vista en la historia del deporte de las bolas y los strikes en la Isla, acaba de ser acuñada por la selección nacional sub 23 años, que intervino en la IV Copa del Mundo con sede en Taipéi de China.

Para “interpretar” ese descalabro, primero amerita acudir a una razón tan transparente como el agua: abandono del béisbol cubano de jóvenes que otrora defendieron ese mismo conjunto, lo que conllevó a la convocatoria de figuras de menor nivel cualitativo. Y eso pesa sobremanera a la hora de elaborar una alineación ofensiva capaz de producir carreras.

A ese acápite le podemos añadir que muchos de los actuales integrantes de esa escuadra ya han jugado con sus respectivos equipos provinciales en la Serie Nacional de Béisbol, en la cual el promedio de velocidad de los lanzadores no rebasa las 83 millas por hora. Y en terrenos de Taipéi, sus rivales exhibían envíos por encima de las 90, los que a muchos alumnos del técnico Alain Álvarez les cuesta trabajo ver.

Y si seguimos en la cuerda de los lanzadores, entonces los rivales de Cuba apenas vieron por encima de esa velocidad los lanzamientos del derecho guantanamero Alexander Valiente y del también diestro pinareño Leodán Reyes.

Una máxima refiere que el béisbol se gana con carreras que llegan merced al buen bateo. Y el promedio de la Antilla Mayor fue bien pálido: 242, dados 46 jits -13 de esos en el último juego contra Sudáfrica-, en 190 veces al bate, con 11 dobles, cinco triples y sin poder conectar jonrón, el batazo clave en este juego.

Para buscar cuadrangulares, el mánager Álvarez confió en las muñecas de los sluggers Pedro Pablo Revilla y Guillermo García, quienes se trasladaron hacia Taipéi de China en vuelo directo desde Japón, donde se desempeñan con el equipo de desarrollo del club Dragones de Chunichi y sí ven lanzadores de más de 90 millas.

Pero ninguno pudo sacar la pelota fuera del parque en las 42 comparecencias al cajón de bateo que tuvieron entre ambos. Revilla se fue de 24-5, para un escaso average de 208; y García la tuvo peor: 18-3 (167). Así, con tercero y cuarto bates sin conectar, no se puede ganar.

Ofensivamente, los dígitos reflejan que en ocho partidos efectuados, la selección antillana consiguió cinco victorias consecutivas (dos en la fase preliminar y tres en la llamada Ronda de Consuelo). Pero pesaron mucho las tres derrotas consecutivas en la etapa de grupo frente a Puerto Rico (0-5 en el debut), Sudcorea (0-4) y Países Bajos (2-3).

Los mejores bateadores del sub 23 cubano fueron el torpedero villaclareño Cristian Rodríguez (368, 19-7) y el jardinero cienfueguero Danny Oramas (333, 21-7).

Tras el regreso a la Isla, muchos de esos jugadores se incluirán en las nóminas de equipos que intervienen en la Primera Liga Élite del béisbol cubano.

Tomado de ACN

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