Cómo Cuba y la URSS vencieron las tensiones políticas tras la Crisis de los Misiles en 1962

La salida de la Crisis de Octubre en 1962, negociada entre la desaparecida Unión Soviética y EEUU sin la presencia de Cuba, generó desconfianza entre las autoridades de la isla, lo cual llevó a un proceso gradual de recomposición de los vínculos entre La Habana y Moscú.

La tambien llamada Crisis de los Misiles, que tuvo al mundo al borde de un enfrentamiento nuclear en octubre de 1962, comenzó con la amenaza de una invasión estadounidense a Cuba que determinó la propuesta soviética de colocar misiles nucleares en el territorio caribeño para su defensa.

En julio de 1962 la URSS empezó a enviar a la isla cohetes de alcance medio R-12 e intermedio (R-14), alrededor de 41.000 soldados, aviones, batallones de tanques, entre otros armamentos.

El 28 de octubre de 1962, Washington y Moscú pusieron punto final a la Crisis. La URSS retiró los misiles que había emplazado en la isla y EEUU retiró los misiles que había emplazado en Turquía e Italia, considerados una amenaza por el Kremlin.

El presidente estadounidense John F. Kennedy (1961-1963) y el secretario del Partido Comunista de la URSS Nikita Jrushchov acordaron que EEUU no intervendría militarmente en Cuba y detener el bloqueo naval que EEUU había ordenado a la isla.

La dirección cubana supo de ese acuerdo por las transmisiones de Radio Moscú. Las exigencias de Fidel Castro para salir de la crisis —que buscaban remediar la hostilidad de la Casa Blanca hacia la isla— no fueron asumidas por las partes involucradas en el conflicto diplomático.

Las demandas de Castro planteaban al Gobierno estadounidense el fin del bloqueo económico, el cese de las actividades militares y subversivas contra la isla, detener las violaciones del espacio aéreo y marítimo cubano, así como el retiro de la Base Naval de Guantánamo y la entrega del territorio ocupado por EEUU.

Dejar de lado estas demandas cubanas en el acuerdo entre las dos potencias para finalizar la Crisis de los Misiles hizo que los vínculos entre la URSS y Cuba se vieran resentidos.

“Más allá de los estrechos nexos entre las dos naciones, en adelante habría que cifrar las esperanzas, ante cualquier desafío, únicamente en las capacidades antillanas”, dijo a Sputnik el historiador y profesor titular de la Universidad de la Habana (UH) Hassan Pérez Casabona.

En la reconstrucción de las relaciones resultó clave la visita de Castro a la URSS, entre el 27 de abril y el 3 de junio de 1963, que permitió a Jrushchov y Fidel el impulso de múltiples intercambios y propuestas de cooperación.

“Las fricciones no fueron externalizadas para no debilitar aún más los vínculos y con posterioridad las conversaciones privadas y el esclarecimiento sobre el tema determinaron la reducción de las tensiones”, añadió a Sputnik Luis René Fernández Tabío, catedrático cubano del Centro de Investigaciones de la Economía Internacional de la UH.

Esas “molestias” tampoco trascendieron por cuestiones de seguridad, y predominó la consolidación de los nexos, expresada en hechos como la incorporación de la isla al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), creado en 1949 e integrado por diversos países socialistas para el fomento de los intercambios comerciales.

Coexistencia pacífica mundial

 René González Barrios, director del Centro Fidel Castro Ruz y expresidente del Instituto de Historia de Cuba - Sputnik Mundo, 1920, 18.10.2022

René González Barrios, director del Centro Fidel Castro Ruz y expresidente del Instituto de Historia de Cuba

© Foto : Danay Galletti

Cuando triunfó la Revolución Cubana, el 1 de enero de 1959, el campo socialista —el bloque de países de Europa Central y del Este liderado por la URSS— asumía una política de coexistencia pacífica, en búsqueda de un balance internacional de fuerzas para evitar un enfrentamiento con EEUU.

Para René González Barrios, director del Centro Fidel Castro Ruz y expresidente del Instituto de Historia de Cuba, la URSS estuvo apartada de la lucha armada contra el dictador Fulgencio Batista (1952-1958), por lo tanto la Revolución fue totalmente autóctona y no se produjo por el respaldo del campo socialista ni del Pacto de Varsovia: “No estuvo amparada, avalada o ayudada por ninguna potencia”.

“La Revolución triunfa por el apoyo de las masas populares en rebeldía contra la explotación asumida por las transnacionales norteamericanas y enfrenta desmanes de los Gobiernos de turno y las ambiciones hegemónicas de EEUU”, señaló el historiador a Sputnik.

“Resultó una nueva clase política, conformada por los sectores más progresistas de la sociedad cubana y bajo el liderazgo de Fidel, quien contaba ya con una legitimidad ganada como dirigente estudiantil, ortodoxo [en referencia al Partido Ortodoxo, al que perteneció Castro], por su participación en el asalto al Cuartel Moncada, el desembarco del yate Granma y la dirección de las operaciones en la Sierra Maestra”, añadió.

Washington no apoyó ni reconoció al Gobierno emergente y evitó a toda costa la consolidación del proceso revolucionario.

Cuba y el campo socialista

Cuba fue el primer país de América Latina en reconocer a China y establecer relaciones con su Gobierno en septiembre de 1960.

También implementó vínculos muy estrechos con el campo socialista. La URSS suministró petróleo a la isla, ante la negativa estadounidense de transportarlo y refinarlo. Asimismo, adquirió las 700.000 toneladas de azúcar que la Casa Blanca se negó a comprar el 6 de julio de 1960, y que representaban una pérdida millonaria para Cuba.

Para el historiador, la desconfianza producida por la exclusión de las demandas cubanas en el convenio entre Washington y Moscú para retirar los misiles y finalizar la Crisis de Octubre de 1962, llevó a Jrushchov a hacer “hasta lo indecible para reparar esos daños”.

Tras la visita de Castro a la Unión Soviética en 1963 esas asperezas se limaron y predominó la ayuda a Cuba, que fue imprescindible para la subsistencia de la Revolución y el desarrollo de sectores como la industria, ciencia, defensa, educación y cultura.

Estados Unidos ¿cumplió su compromiso?

Durante 1963 y en las décadas siguientes, continuaron las invasiones a menor escala, el financiamiento a bandas armadas, los sabotajes y la conformación de grupos con la participación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de mercenarios como los derrotados en Playa Girón, Matanzas, en abril de 1961.

Elier Ramírez, historiador y subdirector del Centro Fidel Castro Ruz, subrayó a Sputnik que durante la Crisis de los Misiles Kennedy sufrió un gran impacto por el peligro que corrió la humanidad ante la posible ocurrencia de una guerra nuclear.

“El Kennedy que comienza el año 1963, si bien no desistió de la agresividad y de su defensa a los intereses de EEUU, busca cierta distensión con la Unión Soviética. De hecho, se instituyó el teléfono rojo [comunicación directa entre la URSS y EEUU], determinados vínculos comerciales y relajación, sin desistir de la Guerra Fría y del conflicto”, aseveró el experto.

Como parte de esta distensión, Kennedy aprobó un acercamiento secreto y diplomático con Cuba, pues conocía por distintos canales que Castro estaba dispuesto a mejorar las relaciones bilaterales.

“Ahí jugó un papel fundamental el funcionario estadounidense en Naciones Unidas William Atwood, quien incentivó ese puente junto con la periodista Lisa Howard, autora de un reportaje sobre Fidel, transmitido en territorio estadounidense y donde el líder plantea su voluntad de diálogo y entendimiento”, reveló.

Atwood mantuvo varios contactos con el embajador cubano Carlos Lechuga y conversaciones telefónicas con René Vallejo, por entonces ayudante personal de Castro; mientras el comunicador francés Jean Daniel, editor del semanario L´Observateur, fue otro de los mediadores entre Kennedy y Castro.

“El máximo dirigente de la Casa Blanca estaba interesado en conocer si la isla podría ceder en cuestiones como su apoyo a los movimientos de liberación en Latinoamérica y separarse de lo que ellos llamaban la órbita soviética. Una vez logrados esos objetivos, la idea era deshacerse de Fidel, y es cuando surge la estrategia de la dulce aproximación a Castro”, apuntó.

Por supuesto, advirtió Ramírez, existía el temor a una posible filtración de las negociaciones ante la cercanía de las elecciones presidenciales de 1964 y lo que pudiera acontecer con los numerosos sectores extremistas y de derecha contrarios al más ligero cambio en la política doméstica hacia el país vecino.

El 22 de noviembre, día del asesinato de Kennedy en Dallas, estaba dispuesta la entrega a un funcionario en Naciones Unidas de la agenda elaborada por Fidel con una propuesta sobre los temas que debían conversar. Mientras, en una casa en Varadero, Castro conversaba con Jean Daniel, emisor de un recado verbal de Kennedy, que Fidel interpretó como un mensaje de paz.

“En aquel encuentro dialogaron sobre la Crisis de Octubre y según escritos del propio periodista europeo el presidente estadounidense estaba interesado en conocer cómo vivenció Fidel aquellos acontecimientos y qué pensaba de aquellos sucesos. Pero ocurre su asesinato y no sabemos qué hubiera pasado después”, expresó.

El vicepresidente Lyndon B. Johnson, quien asumió la conducción de la Casa Blanca tras el magnicidio, no le dio continuidad a ninguno de los pasos audaces de su antecesor: “Cerró todas las posibilidades de diálogo con Cuba, país que mantuvo la misma voluntad de diálogo, y fue reacio a cualquier avance, en componenda total con la CIA”, concluyó Ramírez.

Tomado de Sputnik

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