Una reflexión que no pasa en el tiempo

Si usted va al campismo, piscina, fiestas, conciertos, bailes, mucho se asombraría, cada mano de adolescentes y jóvenes siempre va ocupada, en la derecha una botella de ron, o una lata de cerveza, o el aludido Planchao, en la izquierda claro un cigarrillo también sirve de acompañante.

Para divertirse, para relajarse, para pasarla bien, muchos creen que estos elementos adictivos y que tanto daño causan son la compañía esencial.

Llegan al lugar que con tanto trabajo planificaron y prima un saludo callejero, que cada vez se hace más popular “Asere date un trago y coge una bala”, es lo más común oír entre tantos, este ya es un agasajo tan usual, como aquel “Como estás”.

Ciertamente en la sociedad cubana se es muy permisivo desde el ámbito familiar en torno al consumo de alcohol, y en algunos casos, los padres ni se enteran de esas conductas en sus hijos.

Si bien el tabaco y el ron han sido muy populares en Cuba desde tiempos de antaño. En los jóvenes su consumo se asocia, generalmente, con la autodeterminación, el ocio y la modernidad.

Consumir alcohol y fumar es un proceso en escala, que pasea por un inicio, una adición, y deriva en consecuencias nefastas, pero lo peor es que les roban la vida y el potencial a los jóvenes, a sus familias y a la sociedad. Es más que claro los riesgos que entrañan para la salud, y la economía personal, males irreversibles, pero seguimos sin saber medir sus dañinos efectos.

Pasa la COVID y la apertura de espacios para el consumo de bebida, ya ha encausado a la normalidad, los muchachos buscan preferentemente los fines de semana lugares como discotecas u otros no tan restringidos, los que tienen como oferta principal bebidas de todo tipo, que sirven para zacear la sed de ese día y varios después, la cuestión, es que no importa que el tabaco, ron o cigarro estén en falta o que valgan un ñoooo, pero siempre aparecen y están en puntos casi estratégicos para los adictivos.

Algunos dirán o se preguntarán, que se puede hacer para esto, por que este es un tema bien trillado, pues les cuento, solo un ejemplo.

Veinte años atrás, Islandia era uno de los países europeos con mayor incidencia del consumo de alcohol y tabaco entre adolescentes y en la actualidad apenas el cinco por ciento asegura haber ingerido bebidas alcohólicas y el tres por ciento haber fumado en una región donde la media oscila entre el 47 y el 13 por ciento, respectivamente y ante el 35 por ciento de los muchachos en América Latina con estas costumbres.

Señalan funcionarios del Ministerio de Salud de ese país, que mucho se hizo en forma de orientar y educar principalmente a la familia en ese sentido, a los objetivos de ganar la batalla se sumaron varios ministerios liderados por el de educación, todos bajo la supervisión de los órganos de justicias.

Ciertamente en la sociedad cubana mucho se ha hecho en función de educar a la población en este sentido y promover acciones preventivas, pero es necesario hacer más, involucrar a todos y lograr que ese binomio bebida/diversión se desmorone en la mentalidad de adolescentes y jóvenes. 

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