10 de octubre, tiempo de vencer

De nacimientos sucesivos, de renuevos fecundos, se ha ido tejiendo la historia patria. El 10 de octubre de 1868, en Demajagua, Carlos Manuel de Céspedes y un grupo de hombres comprometidos con la empresa libertaria, empuñaron las armas para cumplir con un mandato que provenía de su sensibilidad más honda.

Apenas un año después, en La Habana, un adolescente cantó la hazaña desde las páginas de una publicación escolar: «No es un sueño, es verdad: grito de guerra…», rezaba la primera línea del soneto escrito por quien a la vuelta de unos pocos calendarios recogería el testigo de los iniciadores de la gesta y crecería hasta ser el primer combatiente y el más universal de los cubanos.

Cuando entrado el siglo XX parecía haberse empantanado el sueño republicano de Céspedes y Martí, entre la dentellada del vecino poderoso y la complicidad de sus servidores domésticos, una nueva generación reivindicó el linaje de los fundadores y se propuso completar la obra hasta entonces inacabada.

Antes aún de retomar el camino de las armas, su líder, el joven Fidel Castro, abrazó un símbolo cespediano, cuando en 1947 no dejó que la campaña tañida en Demajagua para llamar a la lucha y liberar a la dotación de esclavos, fuera víctima de la corrupción de los políticos entreguistas de la época. 

Al cumplirse un siglo del inicio de la épica contienda, Fidel volvió a la tierra de la llamarada iniciática. El primero de enero de 1959, al frente del Ejército Rebelde, había cerrado el ciclo de la virtud revolucionaria. Pero al significar aquel 10 de octubre de 1968 la línea de enlace entre los puntos de partida y llegada de la gesta, dijo palabras que parecen haber sido escritas para este 10 de octubre de 2019: «Quién sabe cuántos años más tendremos por delante de lucha.  Pero nunca, jamás, hemos estado en mejores condiciones que hoy; nunca hemos estado más organizados, nunca hemos estado mejor armados, no solo armados con armas, armados con hierros, sino armados de pensamientos, armados de ideas».

El solo hecho de que en medio del brutal recrudecimiento del asedio imperial el Parlamento haya sesionado para elegir al  presidente, el vicepresidente y el secretario del órgano supremo del poder estatal, de los demás miembros del Consejo de Estado, y del presidente y vicepresidente de la República, es una prueba de la plena madurez del Estado socialista cubano, de la voluntad por consolidar el ejercicio de nuestra democracia, y de la confluencia dialéctica intergeneracional entre vanguardia política y participación popular.

Al tomar el pulso a la densidad de la hazaña del 10 de octubre de 1868 y lo que vino después, Martí, en tiempos de preparación de la guerra necesaria, advirtió: «Ya no se empleará el tiempo en ensayar: se empleará en vencer». Quienes somos testigos hoy de este nuevo 10 de octubre, estamos convencidos de que éste también es tiempo de victoria.

Tomado de RHC

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