Ante cada ciclón. Reducir los daños una tarea de todos

Un ciclón tropical es un término genérico que se emplea para designar a los sistemas de bajas presiones que se forman en los océanos, en un ambiente homogéneo y generalmente en la zona tropical.

Estos fenómenos naturales están acompañados de una amplia área de nublados, con lluvias, chubascos y tormentas eléctricas, y tienen asociados una circulación superficial de los vientos en sentido contrario al de las manecillas del reloj en el hemisferio norte, y en el mismo sentido que éste en el sur. O sea, son todo un monstruo.

Fotos Odalys Mompie

Aún la Isla de la Juventud percibe los destrozos causados por el paso de Ian recientemente y toda Cuba permanece en vilo por el sufrimiento que este fenómeno natural ocasionó en varias provincias del occidente de nuestro país, con mayor énfasis en Pinar del Rio.

Pero es necesario resaltar que devastadores ciclones han afectado también otras regiones del país, sus terribles efectos no han sido solo al occidente, las zonas del oriente cubano han sido testigo de los cuantiosos daños provocados por el transitar de los mismos por el Caribe y en este caso sobre la mayor de las Antillas.

La reducción del riesgo de desastre en Cuba surgió con la estrategia del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, después de los azotes del huracán Flora en la región oriental del país, nuestro gobierno revolucionario centra la atención mucho antes de la cercanía de cada fenómeno de este tipo y es prioridad proteger la vida de cada cubano, pero cuando se habla se proteger la vida no es por gusto, solo miremos estos ejemplos, de lo dañino y peligroso que es un ciclón.

Son elocuentes los ejemplos de los más maléficos por el número de muertes provocadas, entre ellos el huracán de San Francisco de Borja, que en 1870 dejó sin vida en Matanzas a 800 personas; el de los 5 días en 1910 en Pinar del Río a 100; y el de 1926 en La Habana y la Isla de la Juventud a 650. Apenas en esos dos últimos territorios, el de 1944 mató a 300; el Flora, en 1963 en la región oriental, a 1 200 y tuvo  vientos de 225 kilómetros por hora,  constituyó uno de los más devastadores que pasaron por Cuba en el Siglo XX.

Fotos Odalys Mompie

Con su delicado nombre, penetró por la Punta de Maisí, giró por Manzanillo, entró de nuevo por Santa Cruz del Sur y posteriormente salió por la costa norte de Oriente, todo durante tres días de azote.

La Isla de la Juventud, atesora amargos recuerdos de destrozos de tormentas, huracanes y demás, solo mencionemos el del 17 de octubre de 1996, cuando Lily cruzó por el este de esta ínsula , entre Punta del Este y Cayo Largo del Sur, y causó estragos en la economía nacional.

Dos años después, el 13 de octubre de 1999, Irene, atravesó también nuestro territorio, causando perjuicios de consideración, y se internó en la isla grande, pero mucho más atrás en tiempo vale recordar los famosos ciclones del 20 de octubre de 1926, y del 18 de octubre de 1944, en los cuales los mayores efectos se sintieron en la antigua Isla de Pinos, y La Habana.

Las principales afectaciones cuantificadas indican que el impacto socio – económico de los huracanes en la Isla de la Juventud durante los últimos 50 años está caracterizado por un incremento sustancial en el monto de pérdidas económicas.

También tengamos en cuenta a los cruentos Michelle 2001, Isidore y Lili 2002, Iván 2004 y Gustav 2008, los que marcaron el periodo de mayores pérdidas económicas que se haya podido documentar por afectación de huracanes en la Isla.

La temporada de ciclones llega hasta el 30 de noviembre, recordemos que en diciembre el país ha sido visitado por estos fenómenos, así que cada parte meteorológico es importante, cada aviso que se emita es vital para proteger la vida y recursos de la economía y de las personas, ahora a terminar en trabajo socialmente útil de recoger lo dejado por Ian y después a prepararnos por si alguno más aparece sobre la geografía del país. Reducir los daños es tarea de todos.

Compartir en:

Deja un comentario