El nuevo código de las familias también lleva raíces martianas

Por estos días, cuando Cuba se alista para llevar a referendo el nuevo Código de las Familias, se pone de manifiesto el pensamiento de José Martí:

Las familias constituyen “las raíces de los pueblos”, así las definió el Maestro, quien consideraba que estas comenzaban por la sangre, la más cercana; continuaba en aquellos grupos que tejían la amistad, la cooperación y la fraternidad; y concluía con la gran familia humana, donde no existiera explotación, humillación, desigualdades e indignidades.

También enseñó el Héroe Nacional que mal puede querer y defender a la Patria, quien no ama, quien no respete los más sagrados lazos que hacen posible al propio hombre. 

Hoy el mundo se enfrenta a una profunda crisis de valores que deviene el principal enemigo de la familia. De alguna manera Cuba no está lejos de esa realidad, y a tono con ella la nueva Constitución establece en primer lugar que: “El Estado reconoce en las familias la célula fundamental de la sociedad”. 

Así mismo estipula que “Las distintas formas de organización de las familias son las basadas en las relaciones de afecto, se crean entre parientes, cualquiera que sea la naturaleza del parentesco, y entre cónyuges o parejas de hecho afectivas.

El venidero día 25 estamos convocados a ir a las urnas por un texto legislativo que refuerza las normativas de la Constitución cubana respecto a las familias, ambos pensados desde las transformaciones sociales que supone el paso del tiempo y la palabra visionaria de José Martí.

A la Patria se llega a través de la familia, el sentido de pertenencia, la identidad, el amor, los afectos, la consideración, la solidaridad, la fraternidad, la cooperación, la protección, la responsabilidad y el respeto mutuo; valores que aún nos distinguen y que propone acentuar el nuevo Código.

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