Ser bueno porque sí, como dijera Martí

En los tiempos que corren todo el mundo está bastante atareado y un poco saturado de opiniones, sin embargo, viene al caso añadir una nueva recomendación: “a pesar de todo, siga siendo una buena persona”.

Es una exhortación motivada por lo que está a simple vista cuando toca hacer gestiones, realizar algún trámite, o simplemente efectuar una compra, acciones en las que necesitamos “ser atendidos”.

Muy cuestionable esto último, porque pareciera que el término “atender al cliente” se desdibuja en la misma medida en que disminuyen las ofertas y la cobertura de necesidades.

Son momentos en que escuchar las frases “No hay” o “Ya se acabó” pasa como algo natural, no así la manera en que te lo informa el que te atiende: es solo el “te vas con las manos vacías“, sin que medie un signo de empatía, un “vuelve mañana”, o “quizás tengamos la semana que viene”, como eludiendo cualquier compromiso e imponiendo la distancia…

Todo eso sumado a la rara habilidad que tenemos de estar en el momento inadecuado, a la hora inútil, y sin la papelería requerida; a que nos asomamos a la ventanilla incorrecta en el banco, a que la Oficoda no recibe el día que vamos, o a que siempre falta un sello, un cuño o una firma.

Sin ánimos de generalizar, estamos viendo cómo a la par de las crisis, van en declive la inteligencia y la eficacia, esas cualidades que si bien no resolverán del todo los problemas, al menos son efectivas para motivar el optimismo. Así mismo se debilitan algunos valores imprescindibles para seguir adelante.

Estamos claros de que las soluciones casi siempre están fuera de las manos de quienes  le dan la cara al público y que a veces es difícil mostrarse sonriente para decir que no. Pero la recomendación para ellos sigue en pie: a pesar de todo, siga siendo una buena persona.

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