La alegría retorna a las aulas pineras

Otra vez llegó el noveno mes del año y, aunque este supone continuidad y no inicio de un curso escolar en reto con el tiempo, es el mismo septiembre al que nos hemos acostumbrado: cientos de alumnos volvieron a las aulas.

En casa amaneció muy temprano y retornó el correcorre para no llegar tarde. Los uniformes quedaron listos desde la noche anterior, y regresaron las tareas, los repasos, el receso, las meriendas… y en la mochila, la libreta que se abrió varias veces este verano para ahora saber la nota a lo aprendido.

Los más grandecitos quisieron irse solos  y los padres acaso cedieron no sin antes repetirles muchas veces que tuvieran cuidado. Para algunos, este es el último septiembre de rojo, de amarillo o de azul, y son felices por ese detalle: porque un nuevo color de uniforme implica un paso adelante en sus vidas. 

Fue hermoso verlos llegar a esos sitios donde se funden la alegría y el deber. No solo fueron las caras felices y las expectativas las únicas que engalanaron la mañana este 5 de septiembre, sino también el estreno de imagen de las escuelas: todo limpio y listo; y se alegraron del cambio que habrá que mantener con el mismo esfuerzo que se logró.

Volvió la profe, que hace días estuvo de aquí para allá para dejar todo a punto en ese pequeño mundo que llaman aula para recibir a sus alumnos. y el maestro al que cualquier tiempo le parece corto para recuperar los días en que debió cambiar sus tizas y pizarra por el chat o llamadas telefónicas. 

Comienza una clase en todas las aulas de la isla de la juventud. un pequeño recuento ayuda a refrescar la memoria para reiniciar justo donde en julio el descanso puso la pausa. Dos meses que prometen están por venir, pero no hay preocupaciones. Donde hay constancia todo es posible y, en un abrir y cerrar de ojos, el nuevo grado estará escribiendo nuevas páginas. 

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