Gustav: un reto que nos hizo más fuertes

14 años. Este es el tiempo justo que transcurrió desde aquel 30 de agosto hasta este martes. Ningún pinero murió, pero en cada uno quedó la experiencia de aquellos  vientos de 240 km/h y más, de un evento que alcanzó categoría 5 en la escala Saffir Simpson, y que afectó a la Isla de la Juventud.

Gustav lesionó a 19 personas, dejó  daños en el país a más de 100 000 casas, 370 escuelas, centenares de kilómetros de tendido eléctrico, telefónico, y a la totalidad de los cultivos. En la Isla de la Juventud, el 87% de las viviendas resultaron dañadas, 200 kilómetros de líneas telefónicas y eléctricas, al tiempo que se paralizaron los muelles de carga.

La fuerza de este evento meteorológico dejó en la memoria de los pineros la imagen de la patana fuera del agua, de personas cerca del río saliendo en botes, casas inundadas, pertenencias que se iban de su lugar.

Una silla encajada como proyectil en la puerta de una de las aulas del Politécnico de Informática en La Isla, grandes extensiones de tierra con cosechas en el piso.

Este huracán fue un estremecimiento, una sacudida electrizante, recuerdos de un sábado que dejó un reto inmenso pero también convidó a la solidaridad, la unidad y al avance, para recuperar lo perdido.

De aquella experiencia mucho aprendimos los pineros. Más preparación para enfrentar eventos de tal magnitud, mejores planes de evacuación para proteger la vida y recursos de la economía, el fortalecimiento de viviendas y aunque un poco lento en  el tiempo, el beneficio a los damnificados.            

Gustav nos dejó aquella frase de Sí se puede, que acompañada de duras imágenes y recuerdos, impuso por obligatoriedad salir adelante y enfrentar otros huracanes que a su paso dejaron quizás no una huella tan grande pero si embates significativos.

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