La mujer pinera, presencia y huella de lo útil

No podría concebirse gloria alguna sin la mano delicada y fuerte, sin la compañía y el consejo certero de la Mujer. Hoy, el mundo celebra por ellas: criaturas dotadas para la pasión y entender el sacrificio.

El del 23 de agosto deviene homenaje de todos los días: Honra referenciar, especialmente a las cubanas, a las pineras, quienes dejaron de quedarse en casa a la espera de buenas noticias para la mesa familiar y se fue a la calle, a la fábrica, a las aulas, al congreso, al escenario.

Regresó casi al anochecer, elaboró el pan ella misma, y mostró el sabor que sus manos le imprimen a todo. Al otro día se negó a ser símbolo de belleza y se volvió la huella de lo útil.

Después se hizo internacionalista, miliciana y vanguardia. No quedó un solo sitio donde no se probara su voluntad de hacer.

Honra el homenaje a la mujer este y todos los días. Ella se agiganta, administra el amor para su hogar, expone valiente su rigor para la causa, y son benditas sus manos de coser banderas y su vocación de que nunca es suficiente.

A la mujer de nuestra Isla, a la federada, la compañera de trabajo o la vecina, no se le puede medir la dimensión de su alma ni la inmensidad de su abrazo. Si ellas acompañan, es en verdad posible ese mundo mejor que soñamos.

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