El Sí determinará el futuro de una familia cubana más integral

El domingo 25 de septiembre será sometido a  referendo popular el Código de las Familias, un día clave para diseñar lo que seremos en el futuro.

Tocará levantarse temprano o simplemente tomar un momento del día para ir hasta el colegio electoral y, en menos de un minuto, plasmar el voto en la boleta.

Estarán creadas las condiciones para que sea una acción sencilla, en contraste con su importancia: será transcendente ejercer ese derecho, y lo será aún más para quienes pongamos la cruz en la casilla del Sí.

Y no se trata de mera campaña en aras del voto positivo, sino de lo que representa, porque se trata de aprobar el diseño de cómo podremos estar y ser un poco mejores después.

Para llegar al día del referendo del Código de las Familias hemos transitado por “vacíos” que hacen obsoleta la norma anterior; porque no solo el mundo cambió desde 1975, sino también nosotros. Y  todos esos cambios deben reflejarse en una ley que derive en guía moral de ese espacio afectivo que es la familia.

El voto por el Sí será, por ejemplo, a favor de los ancianos, un grupo etario a veces desoído por sus propios parientes y desatendido por la sangre que no siempre llama. Un capítulo del Código describe escenarios de violencia y falta de derechos que, al menos a nivel de la legalidad, quedarán resueltos con las nuevas garantías.

No quiero decir con esto que con dar el Sí y aprobar esos cientos de artículos se borrarán de un plumazo todas las escenas lamentables presenciadas hasta hoy, pero sobre la base de este texto amplio y humanista se puede construir un mejor tipo de relaciones en el entorno familiar.

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